miércoles, 7 de noviembre de 2007

Bolígrafo invitado

De la vecina Tlaxcala, tuve el gusto de saludar hoy al buen amigo Paco Varela.
Además del placer de su siempre amena y ocurrente plática, tuvo la gentileza de obsequiarme un ejemplar de la antología titulada Desde "La contraesquina", integrada por breves relatos, nacidos de las tertulias de un grupo de amigos en su ciudad.
No me sustraigo a la tentación de compartirles el siguiente, que tiene por gracia añadida ser anecdótico y no ficción.

Espero lo disfruten.

¡Trágame tierra!

Desayunaba en el Vips de Tlaxcala, Tlax., en compañía de cuatro maestros. Con el protocolo acostumbrado, me levanté de la mesa para ir al sanitario. Al lavarme las manos, empujé el seguro deslizable de la llave del agua, y de ésta salió –a presión inverosímil– un chorro al cual mis dedos le sirvieron de guía para salpicarme el lado derecho del cierre y una franja de mi impecable pantalón gris claro. También maldije. Y viceversa.

Me acerqué al secador automático. Intenté llevar la pierna hacia él, de manera que el aire llegara a la zona empapada, a la vez que miraba a la puerta para regresar discretamente a la vertical cuando entrara alguien. Nadie apareció; tampoco se secó la tela. Para salir del infortunio, me quité el suéter y desplacé la camisa fuera del pantalón. No me gustó como me veía. Desesperado, tomé el papel sanitario y lo deslicé sobre la mancha para que la absorbiera. ¡Nada! Entré, entonces, a uno de los retretes. Me quité el pantalón. Lo agité. Abrumado, casi vencido, me vestí y salí.

Caminé hacia la mesa, preocupado de que el suéter que sostenía la mano derecha cubriera, con el vaivén, la parte húmeda. De reojo, observé a mis compañeros: tres mujeres y un hombre; ni siquiera me miraron, por seguir en su plática. Suspiré aliviado. Ninguno lo había notado.

Días después, a hurtadillas, una de aquellas maestras me recomendó un té de... no sé de qué. Me dijo que a su marido le había servido muchísimo, pues durante un tiempo él sufrió de incontinencia urinaria.

Francisco Eugenio Varela

2 comentarios:

Juan de Lobos dijo...

je je je
Bien por el invitado K.
Pórtese mal este fin de semana. Nos leemos alueguito.

mafalda dijo...

......

Mmmmm.. quiere decir que después que conociste esta anécdota, continuaras creyendo en el mito de que las damiselas miramos hacia el paquetito??? ... jejejeje ajuhhmmm


Un saludo....

Mafalda