domingo, 15 de febrero de 2009

Diez gotas

Diez gotas de ácido en cada ojo.
Es la pena señalada por el tribunal iraní para castigar el que hace cuatro años Mayid Mohavedi desfigurara y dejara ciega a Ameneh Bahmani, al arrojarle intencionalmente una mezcla de agua y ácido sulfúrico, como venganza haberse negado a comprometerse en matrimonio con él.
No habrá verdugo que ejecute la sentencia. Será la madre de Ameneh quien vacíe, una por una, las gotas que habrán de destruir los ojos, hasta dejar ciego al infractor.
Metódica, mecánica, ininterrumpida e inclementemente con cada impacto de esas, tal vez minúsculas, porciones de líquido la luz encontrará cada vez menos cómo llegar al nervio del sujeto hasta que le sea imposible para siempre.
No deja de ser una idea inquietante que la última imagen que verá ese infeliz tal vez sea la del rostro de la madre de su víctima.
Particularmente crudo resulta saber que la familia se negó a aceptar una compensación económica. Tampoco optaron por que se condenara a muerte a Mayid. Pidieron y obtuvieron la aplicación de la llamada ley del talión: ojo por ojo y diente por diente.

En todo el asunto hay de qué horrorizarse, de qué sentir lo mismo náusea que piedad. Lamentablemente, en ninguno de sus momentos parece posible encontrar aunque sea un resquicio ya no digamos para el perdón que parece definitivamente perdido, sino aunque sea para la tranquilidad.

No termino de digerir esta terrible historia.

3 comentarios:

Juan de Lobos dijo...

Es precisamente eso, una historia indigesta, llena de dolor.
Ojo por ojo.
Aunque me pone a pensar, en que el dolor ajeno, siempre es más tolerable. Simplemente no puedo imaginar mi reacción si yo estuviera en la posición de la madre de la muchacha desfigurada.
Creo que todos deseariamos tener un frasco de ácido en nuestras manos.
Aullidos para ti K.

rocket dijo...

Te pido perdón con el corazón en la mano por el daño que te pude llegar a hacer a ti y a tu familia, sé que es dificil, pero para mi también lo es, esta maldita enfermedad del alma me destrozó.
Hoy ya estoy recuperado.
Espero hayan pasado suficientes años para borrar las huellas del desastre que ocasioné.

Aquí buscaré tu respuesta.

Gustavo
18 años limpio

E. Fortunat dijo...

Gustavo:
Felicidades por tu recuperación! me da gusto oir de tí.
No te preocupes, nada hay que perdonar.
Espero te esté yendo de lo mejor.

Recibe un saludote.
Enrique.