miércoles, 10 de octubre de 2007

La lentitud

Milan Kundera es un escritor excepcional.
Releo La lentitud con renovado deleite. Y muy pronto vuelve a atraparme su hábil pluma, su extraordinaria facilidad para incorporar profundos pensamientos dentro un texto de forma fácil, sutil, magistral.
No creo que exista en Kundera la intención de maravillar –su espíritu parece demasiado fino para ello-, sino que casi como de forma casual deja aquí y allá profundas frases.
En tiempos donde la conversación sufre ante el embate del pertinaz ruido, nos recuerda, nos enseña, en dónde reside su arte.
Tomando como pretexto la novela Las amistades peligrosas de Choderlos de Laclos, Kundera rememora el pasaje en que Madame T. pasea por los jardines del castillo en compañía de un caballero al que habrá de seducir. Llegado el momento, el caballero pide a Madame un beso, a lo que ella accede, pero de este peculiar modo: “Si, me gustaría: usted se sentiría demasiado halagado si se lo negara. Su amor propio le haría creer que le temo.”
Esto sirve de ocasión para dejar caer algunas reflexiones que vienen a cuento respecto al arte de la conversación. Dice Kundera:
“Cuando, mediante un juego del intelecto, ella convierte un beso en un acto de resistencia, nadie se lleva a engaño, ni siquiera el caballero, quien, no obstante, debe tomar sus comentarios con total seriedad, ya que forman parte de una iniciativa del espíritu ante la que debe reaccionarse con otra iniciativa del espíritu.”

Así, los personajes versan juntos sobre el tema, llevan sus mentes y espíritus en la dirección que el tema dicta, van buscando ángulos y ocasiones para arrojar luces de mayor o menor intensidad. Crean matices, conversan. Continúa Kundera:

“La conversación no está para llenar el tiempo, sino que, al contrario, es ella la que organiza el tiempo, la que lo gobierna e impone las leyes que hay que respetar.”

Qué espléndida idea. Conversar es regir el tiempo mediante un juego compartido del intelecto y el espíritu. No un entretenimiento, sino una forma de ordenar, dar contenido y sentido al transcurrir de la propia vida, en compañía de otro. Así sea por un momento.

Lo demás son pláticas de pasillo y chácharas.

4 comentarios:

AndreaLP dijo...

Hola! Coincido contigo respecto al placer que produce leer las líneas de Kundera.

Saludos y bienvenido a la blogósfera.

Juan de Lobos dijo...

Bien mi Enrique, ya hay una lectora en tu Blog, (sin contar a tu compadre ni a este S.S.) poco a poco K. Bien por el Kunderazo.

Anónimo dijo...

Me parece muy valioso el pensar a la conversación desde un aspecto más profundo, tal como lo hace el autor, y en esta reflexión añadiría la importancia de las palabras como el instrumento que permite que la conversación encuentre el etendimiento y provoque acciones en quienes intervienen en ella.
Considero que cada palabra tiene un peso particular para quien la expresa y su significado es específico para quien está dirigida.
Un saludo
Ross

mafalda dijo...

.....

Hace algunas semanas platicaba con una amiga a cerca de los diálogos, específicamente en la calidad (de diálogos) que algunos autores le proporcionan a sus obras. Ella (es escritora) me mencionaba que es un don adicional e importante que no todos los escritores tienen.

Me encanta Kundera, lo primero que leí de él fue "La broma", eso me invitó a seguirlo.

Los diálogos son fundamentales en una obra, también las características y desenvolvimiento de los personajes, descripciones de ambiente y actitud (que Kundera maneja extraordinariamente)pero a mi lo que me enloquece de un libro es el aporte de ideas, de las cuales puedo o no estar de acuerdo, siempre que finalizo (leo) alguna novela y esta termina subrayada en exceso es que me gusto un chorral jejejejeje.

Un saludo