lunes, 19 de mayo de 2008

Ni soñado…


Hace ya tiempo que ciertos eventos me preocupan. Son muchos los días sin encontrar cómo solucionarlos. De la frialdad a la cortesía, de la mano izquierda a la derecha, de la franqueza al disimulo, de la razón a la emoción. No hay modo y sin embargo, me he empeñado, pensando que he de hallar el modo de arreglarlo todo. Hasta hoy.

La meridiana claridad llegó durante la noche. Dormí, soñé y comprendí.

En mi sueño, me encuentro en una casa con varios cuartos, en apariencia algunos son una especie de consultorios, pero hay también otros más hogareños; además, veo una sala de estar amplia, cómoda y decorada como para una acogedora reunión de familia. Recorro la casa sin prisas curioseando aquí y allá.

En uno de los pasillos, llego a una habitación y dentro de ella me encuentro con mi padre, quien arma un rompecabezas impreso en blanco y negro. Me da gusto volver a verlo. Hace ya siete años que falleció.

Nos saludamos como si nada hubiera pasado, con esa familiaridad del trato diario que con tanta solidez construye las relaciones duraderas. Me siento frente a él, pregunta cómo estoy, digo que bien. Señala el rompecabezas y me dice si quiero ayudarlo. Acepto y comienzo a trabajar en recomponer la figura ordenando sus partes. Aunque logro ver la imagen completa, no consigo hacer que las piezas se unan.
- Oye Papá, estas piezas no encajan.
- Es cierto, no encajan.
- No se puede armar
- Bueno, pues si no se puede…

Lo miro tratando de adivinar si es una de sus bromas, pero él está calmado. Toma el rompecabezas y comienza a armarlo tranquilamente.
- Pero si las piezas no encajan…
- No encajan cuando tú lo armas.

Pienso un momento.
- O sea que éste rompecabezas no lo puedo armar yo.
- Así es, tú no lo puedes armar. No depende de ti.

Él ha comprendido perfecto lo que me pasa y yo he entendido. Descanso en la silla, le observo y aunque siento cómo comienza a hacérseme un nudo en la garganta, mi padre me mira y entiendo que no es la ocasión para ponerse sentimental. Sonreímos tranquila y simultáneamente. Me levanto, nos despedimos y salgo de la habitación.

Instantes después, despierto.

Me incorporo y me siento en la orilla de la cama, ahí noto dos cosas: estoy realmente descansado y, además, esta mañana parece particularmente clara.

5 comentarios:

Juan de Lobos dijo...

K:
Simplemente me emocioné, es más, creo que una o dos de cocodrilo intentaron escapar.
Sé que no puedes armar "ese" rompecabezas, pero haces que las piezas de los rompecabezas de otros vayan encajando perfectamente.
Paciencia, relájate y disfruta el proceso.
Un enorme abrazo.

mafalda dijo...

......

¡Bien!, ahora entiendo tu comentario en mi blog, sabes Enrique, las enfermedades son un reto constante para los médicos, he pensado más de una ocasión que ni siquiera en nuestras manos está la respuesta favorable al tratamiento de un paciente, me enojo conmigo misma cuando esto sucede.
Lo que esta en manos de todo ser humano es la búsqueda constante, que es lo que mantiene en movimiento constante del engranaje que marca el paso de nuestro efímero tiempo por este mundo.
Es hermoso lo que escribiste.

Mafalda

Anónimo dijo...

Es un mensaje maravilloso el que trae su sueño, para usted y para los que tenemos la fortuna (de tener a Fortunat)de leerlo.
Saludos y un abrazo.
Ross

LICR dijo...

Hola Enrique!!
Con este comentario me doy la bienvenida a tu blog Felicidades!!!! me encantó como escribes y particularmente te quiero compartir que este articulo me hizo llorar, yo perdi a mi padre hace 4 años y lo sentí tan mío.
Gracias por invitarme y por permitirme conocerte a través de tu espacio.
Un abrazo

romherz dijo...

Hola Enrique
Esta noche de desvelo, como ya se ha ido haciendo costumbre, he encontrado tu blog; que gusto me ha dado y me impuesto la tarea de leerlo todo. En esta entrada que titulas “Ni soñado” me he atorado por la imposibilidad de continuar la lectura pues los ojos se me han arrasado por las lágrimas al enterarme así de manera brutal del fallecimiento de tu padre. Tu bien sabes lo que le quería yo y me ha dolido hasta el tuétano y aunque con muchísima tardanza te digo con sinceridad que de verdad lo siento mucho.
Tantos años de desaparición me están cobrando la factura. Un homenaje al “Inge” donde quiera que se encuentre.
Saludos afectuosos.
Roberto Morales Hernández
Romherz@mexico.com