domingo, 12 de julio de 2009

Troya



Cada que un ciclo cierra su propio tiempo queda en el ánimo alguna duda de lo que habrá de venir.

En la encrucijada no de elegir un camino, sino de abrir una brecha, dudo. No es fácil. Tampoco lo es continuar marchando por la misma vereda.

La estrechez de miras amenaza con imponerse.

De las maneras de ganarse la vida, cualquiera que se base en cerrar los ojos me parece de las más desagradables, ya no digamos ante crímenes o deshonestidades, nada tan melodramático, sino incluso hacerlo ante mentes pequeñas, obtusas y obnubiladas. Lo sencillo muchas veces puede ser callar y obedecer, dejarse llevar por la corriente y esperar paciente y dócil la llegada de la quincena. No siempre es posible.

Decir esto no significa creer en una cierta superioridad ante el común de los congéneres o colegas. Nada de eso. En mi caso, me reconozco ignorante y lleno de defectos, por eso creo que no puedo permitirme el lujo de quedarme en la misma circunstancia.

Si bien lo nuevo presenta incertidumbre y riesgo, una prolongada estadía en la zona de confort amenaza con anquilosar cuanto puede ser susceptible de movilidad y mejora. Agua que se estanca, se pudre.

De vez en vez, no hay más remedio que dejar Ítaca y marchar hacia Troya. No es un sitio, es un estado mental que acepta el desafío y toma acción para el cambio. Caminemos.
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miércoles, 3 de junio de 2009

Heme (o hemo) aquí.

Heme aquí, tendido cuan corto o largo soy.
Este espacio le he abandonado por un, para mí, prolongado periodo.

Un proyecto con fecha de entrega inamovible, fracturas en el equipo de primer nivel, malas intenciones, desinterés de unos, apatía de otros, alguno que no comprende, pocos interesados.
Presiones innecesarias, amenazas sin sentido, en fin, el largo y sinuoso camino para construir. Afortunadamente, interés de quienes se necesitaba y un equipo de trabajo de primera, comprometidos con lo que debe hacerse, juntos comenzamos y juntos, todos, terminamos. Gracias a cada una, gracias cada uno.

Sin embargo, el pinche estrés acumulado en un trienio ha pasado la factura.

El mismísimo sábado 30 de mayo tuve que suspender una muy deseada reunión a las 8 de la noche (gracias amigos por su comprensión), hacia las 23 horas ingresaba al hospital (gracias Zagal por llegar y estar) y el domingo a primera hora, el cirujano trabajaba en mi anestesiada y así impúdica humanidad, colocada en una poco grácil postura.

El lunes a las dos de la tarde abandoné el nosocomio. Salí caminando, con cara y pose de torero caro, la frente alta y el paso pausado, pero digno de la México.

El viaje de vuelta a casa, con la Zagal al volante (gracias otra vez), fue un verdadero tour de fuerza, valentía y emociones que hacían ver al “Batman the ride” de Six Flags como una pequeña resbaladilla para parvulillos. Cada tope, cada bache, la frenada, el acelerar, todo evento producíanme descargas de adrenalina por todo el cuerpo.

Y luego, el asunto de las explicaciones... por qué no voy a trabajar. No es asunto de decir cualquier cosa: es una semana de ausencia. No hay catarrito ni lastimadura que aguante eso en una llamada al jefe o en papel ante recursos humanos. No señor, nada. Sólo la verdad os hará libres.

De modo que puesto en el brete, decidí sacar el pecho y decirlo con todas sus letras: me operaron de hemorroides. Es increíble que operación tan dolorosa y molesta no agregue aunque sea un poco de brillo al valor de quien la padece. Casi siempre la vergüenza es la primera reacción de quien lo ha sufrido. Además del intenso dolor físico, el ardor emocional. No hay derecho...

Sin embargo, en cuanto me decidí por comunicar a quien preguntara la razón de mi convalecencia sin rodeos, franca y directamente, al parecer he ingresado a una cofradía oculta y subterránea. Ahora resulta que el tío, el cuñado, el primo, yo mismo, yo misma, el hermano, la novia, el amigo, una multitud de hemorroidópatas ha hecho su aparición.

Bueno, digo yo, esto no es una enfermedad -ríase usted de la influenza-, esto sí que es una epidemia.

En fin, con resignado valor, convalezco. Ya me pondré al día.

PS: ¡Ah qué envidia me ha despertado don Simón Bolívar en estos momentos! el héroe libertador era conocido entre la tropa, gracias a su increíble resistencia para las cabalgatas, como “culo de fierro”. Qué tipo!

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lunes, 4 de mayo de 2009

Influenza

Tal parece que el lamentable brote de influenza en nuestro país es un hecho surrealista en un país del que se ha dicho que es precisamente eso.

Se oyen voces gritando que todo no es sino un compló orquestado por esa invisible y omnipresente camarilla que se ocupa de desestabilizar al mundo y que, entre otras cosas, ha producido al chupacabras, el rescate bancario, la aparición de la mafia, el tsunami en Indonesia y los malos torneos del América.
También nos quejamos de la pésima actuación de las autoridades en este caso, de nada sirve que entre los especialistas y organismos internacionales se haya calificado como ejemplares las acciones tomadas desde que se detectó el virus.
Desde la óptica de algunos, si algo malo pasa es por culpa de alguien, y por ello ese alguien, quien quiera que sea, debe ser castigado. En ese mismo espíritu, si quien hizo algo bueno, no es de su agrado, automáticamente lo que se haya hecho está mal hecho.

Dan fiaca. Mejor dejemos a ese sector

Llama la atención la medida solicitada de "no saludar de beso ni de mano" digo, lo comprendo y apoyo la medida, pero como que ha causado un cierto vacío emocional, una deficiencia en nuestra dieta de afecto diario. Se ven caras tristes, la de aquel oficinista cuya única motivación para ir a chambear es que Lichita, la recepcionista, le de su "abacho y becho" cuando llega; o la lánguida pose de Mariquita que no ha podido sentarse a comer y hechar chisme con sus comadres de todos los días, o "El Panzón Barrios" que lleva ya más de una semana sin que nadie se le acerque para darle un tronado choque de manos y su sobadita de la suerte en la rotunda barriga; Palacios, ya sin poder ir al Gym; Ausencio, que ya no puede echarse sus luchitas en el almacén; hasta el estirado del licenciado ese que no sabe dónde poner las manos cuando le presentan a alguien; nosotros mismos, dando y pidiendo caras y manos asépticas en casa para saludarnos.

Todo lo entiendo, es temporal, pero como que un pedacito de encanto se nos ha perdido.

Por otro lado: no vayan a lugares concurridos, de acuerdo; cerrados restaurantes y bares, de acuerdo; no hay fútbol, de acuerdo. Todos enclaustrados.

-Oye Juan ¿qué hiciste el fin de semana?
-Pues con eso de que no hay a donde ir, nos fuimos al súper a hacer las compras, luego a buscar unos tornillos para arreglar el clóset que ya lleva dos años con el alambrito, ahí nos tardamos un buen y como ya era tarde pues que nos vamos a casa de mi prima Claudia, que nos invitó a todos. Como no hay a donde ir, no hombre, que nos juntamos más de 20, lo bueno fue que cada quien llevó algo. Ya en la noche nos fuimos a la casa a ver una película.
Al día siguiente, quedamos de vernos en la casa para comer y echarnos un dominó con mis dos hermanos y sus hijos. Así que nos fuimos al mercado temprano. Ahí desayunamos y compramos las carnitas. Ya llegaron todos como a las tres y se fueron como hasta a las nueve y media. Ni tiempo de arreglar el clóset, ¿tu crees?
-Ah, pues te la pasaste en bien, no?
-Pues dos-tres, algo aburridos, como no había nada abierto... ya no hicimos nada.
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domingo, 12 de abril de 2009

Millonarios

Está muy buena, pero es muy triste -me dijo mi vástago Enrique- acerca de la película de "Quisiera ser millonario" (slumdog millionaire, dicho sea de paso, qué afán más tonto de cambiar los nombres de las películas a malas traducciones inventadas).

Bueno, pues la vi. Realmente, me pareció muy buena.

Del director, Danny Boyle, hay que recordar su provocativa Trainspotting, una excelente cinta que conforme pasa el tiempo mantiene y agranda su dimensión como película de culto.

Ambientada en la India, "Quisiera ser millonario" narra la historia del joven Jamal Malik, a modo de hilo conductor para explicar su detención como sospechoso de fraude mientras participa en un concurso de televisión en el que se encuentra en camino de llevarse 20 millones de rupias.

Tras una serie de aventuras de todo tipo, finalmente el amor, la suerte, el deseo colectivo, la justicia, el happy end o como se le quiera llamar se impone y todos contentos. Un final que deja buen sabor de boca, sin las invenciones de "originalidad" que de repente más parecen actos de sadismo por parte de los guionistas. Sin embargo, algo se me queda pendiente: Y a Enrique ¿por qué le pareció triste?

Lo veo al día siguiente y le pregunto al respecto. Me lanza una mirada de "ubícate mi chavo"

- No hablaba de esa película, sino de la del niño con pijama de rayas.
- Ah...

No les digo... y yo que me quedé esperando una tragedia toda la película...
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miércoles, 11 de marzo de 2009

Un instante

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
Octavio Paz

Mantener indefinidamente el momento, suspendido, congelado.
Ni la más mínima distracción vale, hay que embeberse, perderse, extraviarse en un solo pálpito, que resuma y concentre el extracto mismo de la vivencia, de lo vivido, de lo sentido.

Cuántas veces lo deseamos, qué tan pocas lo tenemos. Sin embargo, debe el mundo seguir marchando al rítmico tictac de los relojes. Continuar la sucesión de eventos, mientras haya espacio para ello.

Nosotros, a seguir viviendo, a continuar atentos, que en nuestro tiempo aún habrá minúsculos y hermosos lapsos, y tal vez, solo tal vez, ahí encuentre el mundo nuevas formas de recrearse, de parecer siempre nuevo, como recién inventado, listo para quienes se descubren en él, al capturar un poco de lo bello, aunque sea muy de tarde en tarde, y nada más que para reinventarse hoy, que para reinventarse siempre, antes de que se despeñe el tiempo, en el siguiente instante.
...

domingo, 1 de marzo de 2009

De la crisis II

Comienzan a circular los mensajes de esperanza en la red para animarnos a enfrentar la crisis económica. Lo que parece indicar que estamos aceptando que efectivamente es real y no una moda. Eso no está mal, hay que prepararse.

Lo que resulta tan molesto como un mal sarpullido es el inmediato entusiasmo de los optimistas por costumbre, aquellos que parecen sólo estar buscando la menor oportunidad para aupar, decir palabras de esperanza, encontrar, interpretar o inventar frases, anécdotas, citas de hombres y mujeres célebres y no tanto; hacer la presentación en power point, la tarjetita con gatitos, florecitas y coloritos o montañas, águilas y atardeceres, lo que se requiera para decir lo amable, lo políticamente correcto, por elevar el ánimo, por mantener la imagen de un mundo “really nice”, en el que echándole ganas es posible superar cualquier cosa, andar con cara de “gané la lotería” e irse a dormir contento.
Lo soft, light and clean a todo lo que da. Guácala.

Por supuesto, no quiero oír sólo el ulular de las sirenas de alarma.

Pero más vale enfrentar las cosas como son, del tamaño que sean, pero saberlo de verdad, tomar las cosas con serenidad, con el corazón en su sitio y la cabeza funcionando adecuadamente. Apelar al valor, no sólo al entusiasmo; a la preparación, no nada más a las ganas; a la serenidad, a la cordura, a la determinación y a la decisión.

En fin, si bien no es un servidor quien tiene la voz autorizada en este y seguramente para muchísimos otros temas; sin embargo, creo que mientras más pronto comprendamos las cosas, mejor nos preparemos y con mayor precisión y disciplina planeemos y apliquemos las medidas necesarias, tendremos una mucho mayor oportunidad de pasar exitosamente no sólo esta sino cualquiera otra canija encrucijada.

Pero mientras lo logramos: pues hay que echarle ganas!

domingo, 15 de febrero de 2009

Diez gotas

Diez gotas de ácido en cada ojo.
Es la pena señalada por el tribunal iraní para castigar el que hace cuatro años Mayid Mohavedi desfigurara y dejara ciega a Ameneh Bahmani, al arrojarle intencionalmente una mezcla de agua y ácido sulfúrico, como venganza haberse negado a comprometerse en matrimonio con él.
No habrá verdugo que ejecute la sentencia. Será la madre de Ameneh quien vacíe, una por una, las gotas que habrán de destruir los ojos, hasta dejar ciego al infractor.
Metódica, mecánica, ininterrumpida e inclementemente con cada impacto de esas, tal vez minúsculas, porciones de líquido la luz encontrará cada vez menos cómo llegar al nervio del sujeto hasta que le sea imposible para siempre.
No deja de ser una idea inquietante que la última imagen que verá ese infeliz tal vez sea la del rostro de la madre de su víctima.
Particularmente crudo resulta saber que la familia se negó a aceptar una compensación económica. Tampoco optaron por que se condenara a muerte a Mayid. Pidieron y obtuvieron la aplicación de la llamada ley del talión: ojo por ojo y diente por diente.

En todo el asunto hay de qué horrorizarse, de qué sentir lo mismo náusea que piedad. Lamentablemente, en ninguno de sus momentos parece posible encontrar aunque sea un resquicio ya no digamos para el perdón que parece definitivamente perdido, sino aunque sea para la tranquilidad.

No termino de digerir esta terrible historia.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Crisis

Ni para donde hacerse, sin remedio estamos entrando a una crisis. Otra más para quienes iniciamos nuestra vida laboral en la década de los ochenta.
Diferencias las hay: ésta que inicia es mundial y las perspectivas no son nada halagüeñas.
Esperemos, y ya lo veremos, no llegar a los demenciales niveles de hace 20 años, cuando la inflación era un asunto tan grave que todavía no sé bien a bien cómo diablos salimos de aquello (me queda claro, eso sí, que gracias al sacrificio de muchos).
Recuerdo que los precios aumentaban cuando menos un 10% mensual. Tal vez hoy esto no dé una idea clara de aquello, pero entonces esto nos obligaba a acciones que hoy apenas parecen creíbles.
En esos días iba un servidor a comprar materiales como papel, pegamento, pintura, rollos fotográficos, etc. (era yo un novel diseñador gráfico) a toda prisa en cuanto cobraba algún trabajo. De hacerlo con tardanza, me arriesgaba a que el dinero ya no fuera suficiente ante las alzas diarias. Al convenir un trabajo se estipulaban los precios dependiendo la fecha de pago.

Aunque los bancos pagaban alrededor de 120% de interés anual por los ahorros, guardar el dinero era visto como una tontería y como la manera más segura de, paradójicamente, perderlo todo.

Me preocupa que comienzo a escuchar comentarios similares.

El que comienza no será un año sencillo bajo ningún concepto. El Banco de México calcula en 340,000 los empleos que se perderán. Y eso que ya sabemos de que los gobernantes suelen dar cifras a la baja, para no alarmar a la sociedad. Las cifras para el resto del mundo son alarmantes, sean de los Estados Unidos, Italia, Alemania o Japón. Se espera un año de verdadera pesadilla, una crisis más profunda y dañina que las del mítico 1929.

Se oyen pues, las sirenas de alarma anta la embestida de las insanas consecuencias del capitalismo salvaje, del mercado irresponsable, de las barbaridades de grupos privilegiados que son lo suficientemente idiotas para desentenderse de su entorno.

En México asoman apenas los signos de la crisis, no serán los últimos, los estaremos viendo cuando menos el próximo par de años. ¡Ánimo!

domingo, 18 de enero de 2009

Fredo

"El Padrino" es la más célebre película de Francis Ford Coppola.
Estuvo integrada por un poderoso reparto.
Muchos recordamos la interpretación de Marlon Brandon como el reflexivo líder de la mafia Vito Corleone, en el primer filme. El mismo papel fue interpretado por Robert De Niro en la segunda parte de la saga. Ambos ganaron el premio de la Academia por su actuación. Caso único, en el que dos actores ganaron la codiciada estatuilla por interpretar a el mismo personaje.
Además, un joven Al Pacino mostraba su innegable talento en ambas al personificar a Michael Corleone, el menor de los hijos del capo. El papel de Sonny, el mayor de los hermanos, corrió a cargo de James Caan.

Lo que poca gente recuerda es el nombre del actor que interpretó al pusilánime Fredo Corleone, el segundo de entre los Corleone y el más débil de ellos. Hagamos memoria, luego de traicionar a su hermano, Fredo desaparece de la escena familiar por años, hasta que la muerte de la matriarca reúne a la familia. Ahí, su hermano Michael, ahora líder de la familia, le permite reincorporarse la vida de los Corleone. La trama es cruda: Fredo finalmente será muerto por órdenes de Michael, en pago a su anterior traición.

Bueno, pues el nombre del actor que interpretó a Fredo era John Cazale y la que realizó en "El Padrino" fue su primera aparición en la llamada pantalla grande.

Cazale falleció víctima del cáncer en 1978, cuando sólo contaba con 42 años de edad.
En su carrera como actor dentro del mundo del cine, nada más realizó cinco películas. Cinco, eso es todo.
Lo extraordinario del caso es que cada una de ellas, las cinco cintas en las que participó, fueron nominadas al Oscar como mejor película.

Fueron: "El Padrino" (The Godfather), "Tarde de perros" (Dog Day Afternoon), "El Padrino II" (The Godfather II); "La conversación" (The Conversation) y "El cazador" (The Deer Hunter).

No está mal para un actor y, de hecho, me parece que no está nada mal para cualquiera. Creo que todos estamos en la búsqueda de hacer significativamente y significar haciendo. Vaya, de dar significado a lo que hacemos. De irnos construyendo a través de obras que de algún modo sean el testimonio de nuestro esfuerzo.

Cazale tuvo la oportunidad, de ser parte de la crema y nata de la producción fílmica de su tiempo.

Tal vez no hizo mucho en cantidad, pero es indudable que en lo que participó tuvo el más alto estándar de calidad posible. No lo hizo solo, fue parte de un equipo. No era el más brillante, pero realizó su parte. Es posible que algún otro actor pudiera haber hecho el papel, pero fue él quien lo hizo y hoy es parte de la historia del cine.

Puestos en el caso de dar sentido a nuestra propia obra, tal vez en algún momento la posibilidad de hacer, de construir algo que auténticamente signifique debería ser una oferta que no podríamos rechazar...

lunes, 5 de enero de 2009

Apócrifo gastronómico


Los nativos irikebes son conocidos por su extraña afición a desnudarse intempestivamente cada vez que huelen el penetrante aroma del fruto del bohahabi.
Sin importar en absoluto la circunstancia en que se encuentren, proceden a quitarse la ropa y realizar una breve pero intensa danza, misma que acompañan con cánticos emitidos a media voz. Entre los irikebes es considerado de mal gusto el canto a todo pulmón. Se cree que demuestra un desmedido afán por sobresalir.
En 1787, Rujande, el primer irikebe llevado fuera de su lugar de origen, arribó a Francia llevado por Philippe Truand, un marino mercante, quien intentó mostrarlo con sus vestidos originales como una curiosidad y hacer algún dinero de ese modo. La difícil situación del reino dio al traste con el intento.

Dos años más tarde, raídas las prendas originales, Rujande hubo de vestir con lo que el mercado ofrecía. Perdió gran parte de su ya escaso atractivo como novedad exótica.
Estando en Metz y abrumado por las deudas, Truand optó por deshacerse de él.

Vendió los derechos de exhibición a un oscuro promotor de espectáculos de origen alemán llamado Schwartz, quien llevó a su nueva adquisición hasta Frankfurt, en donde no produjo el éxito esperado. Lo mismo ocurrió en Stuttgart y Munich.
Viendo lejana la posibilidad de obtener las ganancias imaginadas, decidió abandonar al irikebe a su suerte. Así lo hizo, tras partir de Salzburgo, con rumbo a Linz.

Le dejó en una posada. Al dueño del lugar le indicó que regresaría por él en una horas, a Rujande no le dijo nada. No volvió más.

La mujer del posadero, de nombre Alda, experta cocinera de rotunda figura, sintió pena por el desdichado Rujande y convenció a su esposo de darle asilo a cambio de que le ayudara en los quehaceres de la posada. Rujande resultó excelente. De a poco comenzó a entender el idioma y a colaborar él mismo en la elaboración de los platillos.
Por entonces, la aromática pommarola, causaba sensación en Italia y Alda trajo unos cuantos de aquellos exóticos pomodoros, luego de un breve viaje a Venecia de donde ella era originaria.

Un jueves mandó a Rujande a realizar las compras semanales. Mientras, cortó unos cuantos de aquellos rojos frutos y comenzó a cocinarlos hasta crear la salsa. Agregó hierbas y trozos de carne. Un platillo delicioso para la cena del día con los parroquianos. Caída la tarde, sirvió el guiso.

Rujande regresó de las compras, descargó los víveres y los puso en la alacena. Entró a la posada y percibió el delicioso aroma. Se transportó en el tiempo, la base del olor era casi idéntico al del bohahabi. Comenzó a desnudarse y cantar a media voz.
El escándalo fue mayúsculo. Rujande fue sacado a empellones del lugar, lo golpearon hasta que perdió el sentido y le dieron por muerto. Lo arrojaron kilómetros adelante, a la vera del camino.
Según la “Deutsche blödsinnig und flunkern Küchechronik”, sobrevivió.
Oculto en una carreta pudo llegar hasta Trieste y de ahí a Marsella, desde donde se embarcó hacia La Martinica, lugar en el cual trabajó como cocinero al servicio de la Comtesse de Fade, hasta su muerte, presumiblemente ocurrida hacia 1816.

De acuerdo con el “Recorrido del comer caribe” del boricua Nelson Diga, Rujande es el probable creador del célebre Rôti caraïbe d’poisson, platillo tradicional que suele acompañarse con ananás frescas y un trago de ron. Dicta la tradición que se sirve en jueves y que al terminarlo, el comensal ha de quitarse una prenda y cantar a media voz el siguiente estribillo:

Bohahabi lentehi,
Bohahabi, emb’t leilihi!
Tek lus plen’eh
Tek lus embi blenke.

(Bohahabi querido
bohahabi ¡fruto tan dulce!
Por ti danzo hoy
Por ti vivo contento)

Quien así no lo hace, es apaleado.
No lo afirmo, lo cuento.