Regreso tras un año a ver alguna definición curiosa del diccionario de Covarrubias que, como recordarán, fue el primero que hubo de nuestra lengua.
Paso por las páginas que don Sebastián llenara intentando acotar el significado preciso del vocablo, para contemplarlo después como el entomólogo aficionado se maravilla con las excentricidades del mundo de los insectos. Pues ya está entonces, a ver, "mariposa". Puede ser interesante.
No me defrauda. Comparto esta perla:
MARIPOSA. Es un animalito que se cuenta entre los gusanitos alados, el más imbécil de todos los que puede haber. Éste tiene inclinación a entrarse por la candela, porfiando una y otra vez hasta que finalmente se quema. [...] Esto mesmo les acontece a los mancebos livianos que no miran más que a la luz y el resplandor de la mujer para aficionarse a ella; y cuando se han acercado demasiado se queman las alas y pierden la vida. Díjose mariposa, cuasi maliposa, porque se asienta mal en la luz de la candela donde se quema.
Me rehúso a escribir nada más, hasta que cuando menos una dama y un varón comenten el punto.
Hasta entonces, saludos a tutti.
viernes, 17 de octubre de 2008
jueves, 9 de octubre de 2008
Otra del tránsito
...
Circulo en mi automóvil por estas calles y avenidas de la Ciudad de los Palacios.
Me incorporo al Viaducto, un par de minutos después, un Jetta amarillo, se le cierra violentamente a una camioneta con una señora a bordo, rechinido de llantas, toquidos de claxon. El Jetta toma la inmediata salida y se dirige –ojalá- al carajo.
A un costado del Palacio Legislativo, un animal de apariencia semihumana encaramado en una Crossfox gris cree percibir que un destartalado Topaz intenta cerrársele, se le empareja, busca su mirada y le hace señas retadoras, el Topaz vira a la izquierda y no lo pela. El sujeto está detrás de mí, al llegar al semáforo, tras unos diez segundos decide que ya es suficiente tiempo para permanecer detenido, de modo que toca la bocina, saca la mano para chasquearme los dedos y arrima hasta una distancia milimétrica su pinche camioneta a mi súper chevy. Me orillo un poco a la derecha y le dejo paso franco, se pasa el alto, acelera y se dirige hacia Francisco del Paso y Troncoso convertido en una ráfaga. Unos segundos después se aprecia una polvareda y se distingue el vehículo cuando se orilla. Una vez que lo alcanzo, veo el porqué ha detenido la marcha: el imbécil no vio un bache y ponchó una de las llantas. Dios sí existe.
De regreso, a la oficina, por la calle de La Morena, un microbús, decide rebasar por la derecha y atravesarse en diagonal sobre el arroyo, para no dejar pasar a nadie, mi vecino le toca el claxon y el educadísimo patán le mienta la madre con la bocina y le dibuja unos caracolitos con la mano extendida por la ventanilla, después de eso, decide ocupar los dos carrilles y no dejar pasar a nadie. Siete cuadras de mentadas.
Ya para llegar, un motociclista decide que su abultado vientre requiere de nueve metros cuadrados de espacio para circular y sentirse a gusto. Le vale un serenado cacahuate estorbar una hilera completa de automóviles. Él se encuentre a gusto y orondo paseando a 25 kilómetros por hora en su motoneta, misma que parece un juguete a escala, debajo de su rotunda humanidad.
Por favor, háganme llegar un correo cuando sepan que es el “Día Nacional del Animal al Volante”. Juro que no salgo.
Circulo en mi automóvil por estas calles y avenidas de la Ciudad de los Palacios.
Me incorporo al Viaducto, un par de minutos después, un Jetta amarillo, se le cierra violentamente a una camioneta con una señora a bordo, rechinido de llantas, toquidos de claxon. El Jetta toma la inmediata salida y se dirige –ojalá- al carajo.
A un costado del Palacio Legislativo, un animal de apariencia semihumana encaramado en una Crossfox gris cree percibir que un destartalado Topaz intenta cerrársele, se le empareja, busca su mirada y le hace señas retadoras, el Topaz vira a la izquierda y no lo pela. El sujeto está detrás de mí, al llegar al semáforo, tras unos diez segundos decide que ya es suficiente tiempo para permanecer detenido, de modo que toca la bocina, saca la mano para chasquearme los dedos y arrima hasta una distancia milimétrica su pinche camioneta a mi súper chevy. Me orillo un poco a la derecha y le dejo paso franco, se pasa el alto, acelera y se dirige hacia Francisco del Paso y Troncoso convertido en una ráfaga. Unos segundos después se aprecia una polvareda y se distingue el vehículo cuando se orilla. Una vez que lo alcanzo, veo el porqué ha detenido la marcha: el imbécil no vio un bache y ponchó una de las llantas. Dios sí existe.
De regreso, a la oficina, por la calle de La Morena, un microbús, decide rebasar por la derecha y atravesarse en diagonal sobre el arroyo, para no dejar pasar a nadie, mi vecino le toca el claxon y el educadísimo patán le mienta la madre con la bocina y le dibuja unos caracolitos con la mano extendida por la ventanilla, después de eso, decide ocupar los dos carrilles y no dejar pasar a nadie. Siete cuadras de mentadas.
Ya para llegar, un motociclista decide que su abultado vientre requiere de nueve metros cuadrados de espacio para circular y sentirse a gusto. Le vale un serenado cacahuate estorbar una hilera completa de automóviles. Él se encuentre a gusto y orondo paseando a 25 kilómetros por hora en su motoneta, misma que parece un juguete a escala, debajo de su rotunda humanidad.
Por favor, háganme llegar un correo cuando sepan que es el “Día Nacional del Animal al Volante”. Juro que no salgo.
miércoles, 1 de octubre de 2008
Aniversario
Hace ya un año que este espacio me y os ha recibido.
Gracias a todos quienes han colaborado para que un servidor no haya decaído en el propósito de escribir y compartir de vez en vez y aquí y allá, un poco de cuanto acontece y de aquello que pasa por la esférica cápita de quien firma.
Especialmente agradecidísimo con cada uno de quienes han dejado constancia de su paso mediante comentarios. Son gente encantadora.
Dice la etimología que 'aniversario' viene del latín annus 'año' y versus participio pasivo de vertere 'voltear, girar, volver'; versus, era 'verso, renglón de escritura, surco, fila, hilera' con el sentido implícito de la marca que deja en cada vuelta el arado en la tierra, formando surcos.
No está mal versar un año, hacer surcos, arar un poco.
Por supuesto: dos de octubre no se olvida.
Gracias a todos quienes han colaborado para que un servidor no haya decaído en el propósito de escribir y compartir de vez en vez y aquí y allá, un poco de cuanto acontece y de aquello que pasa por la esférica cápita de quien firma.
Especialmente agradecidísimo con cada uno de quienes han dejado constancia de su paso mediante comentarios. Son gente encantadora.
Dice la etimología que 'aniversario' viene del latín annus 'año' y versus participio pasivo de vertere 'voltear, girar, volver'; versus, era 'verso, renglón de escritura, surco, fila, hilera' con el sentido implícito de la marca que deja en cada vuelta el arado en la tierra, formando surcos.
No está mal versar un año, hacer surcos, arar un poco.
Por supuesto: dos de octubre no se olvida.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Morelia
...
Gerry Conlon nació en Irlanda. Se encontraba en el lugar equivocado (Londres) en el momento equivocado (1974). En esas fechas, artefactos explosivos fueron detonados en un par de pubs frecuentados por soldados ingleses. Los atentados fueron reivindicados por el Ejército Republicano Irlandés. Cinco personas perdieron la vida en los lamentables acontecimientos.
La sociedad inglesa exigió inmediata respuesta y ejemplar castigo para los responsables. Gerry y otros tres jóvenes fueron aprehendidos al amparo de una Ley Antiterrorista recién aprobada entonces y que permitía a los cuerpos de seguridad detener a cualquier sospechoso hasta por siete días sin necesidad de presentar cargos. Sometidos a brutales presiones tanto policías como detenidos, se teje una red de engaños, traiciones y bajezas que culmina con la condena no sólo de Gerry Conlon, sino de su padre, amigos y familiares. Todos ellos inocentes.
La necesidad de entregar culpables y de dar un escarmiento, llevó a la fabricación de los mismos, a sabiendas de su inocencia. Todo, con tal de no exhibir debilidad y mostrarse eficaces. La instrumentación de la “razón de Estado” en su versión más abominable.
“En el nombre del padre” es el título de la película que retrata los hechos ocurridos.
Ante los trágicos acontecimientos ocurridos en Morelia, tal vez sea el momento de reflexionar acerca de la necesidad de la rara pero en estos tiempos tan necesaria combinación de prudencia y fortaleza entre los gobernantes.
Es un hecho: el Estado no puede permitir verse superado en su papel de protector de las seguridad e integridad de las personas y sus pertenencias. Si es incapaz de preservar ese rol, la necesidad de su permanencia misma está en entredicho.
Tampoco debe sucumbir a la tentación de facilitar herramientas supra legales a cuerpos de seguridad en los que no es posible garantizar la entereza y honestidad de quienes los integran, especialmente si esto ocurre entre sus dirigentes.
Tanto en el caso de quienes son víctimas de las aberrantes acciones de desalmados terroristas, como de quienes lo son de atropellos del Estado, uno es una cifra demasiado alta por pagar.
Vaya mi solidario pésame a quienes resultaros afectados.
Quede constancia de mi indignación ante la canalla y cobarde acción.
Mi deseo ferviente por que lo acontecido en Morelia haya sido un incidente y no el inicio de una campaña.
Gerry Conlon nació en Irlanda. Se encontraba en el lugar equivocado (Londres) en el momento equivocado (1974). En esas fechas, artefactos explosivos fueron detonados en un par de pubs frecuentados por soldados ingleses. Los atentados fueron reivindicados por el Ejército Republicano Irlandés. Cinco personas perdieron la vida en los lamentables acontecimientos.
La sociedad inglesa exigió inmediata respuesta y ejemplar castigo para los responsables. Gerry y otros tres jóvenes fueron aprehendidos al amparo de una Ley Antiterrorista recién aprobada entonces y que permitía a los cuerpos de seguridad detener a cualquier sospechoso hasta por siete días sin necesidad de presentar cargos. Sometidos a brutales presiones tanto policías como detenidos, se teje una red de engaños, traiciones y bajezas que culmina con la condena no sólo de Gerry Conlon, sino de su padre, amigos y familiares. Todos ellos inocentes.
La necesidad de entregar culpables y de dar un escarmiento, llevó a la fabricación de los mismos, a sabiendas de su inocencia. Todo, con tal de no exhibir debilidad y mostrarse eficaces. La instrumentación de la “razón de Estado” en su versión más abominable.
“En el nombre del padre” es el título de la película que retrata los hechos ocurridos.
Ante los trágicos acontecimientos ocurridos en Morelia, tal vez sea el momento de reflexionar acerca de la necesidad de la rara pero en estos tiempos tan necesaria combinación de prudencia y fortaleza entre los gobernantes.
Es un hecho: el Estado no puede permitir verse superado en su papel de protector de las seguridad e integridad de las personas y sus pertenencias. Si es incapaz de preservar ese rol, la necesidad de su permanencia misma está en entredicho.
Tampoco debe sucumbir a la tentación de facilitar herramientas supra legales a cuerpos de seguridad en los que no es posible garantizar la entereza y honestidad de quienes los integran, especialmente si esto ocurre entre sus dirigentes.
Tanto en el caso de quienes son víctimas de las aberrantes acciones de desalmados terroristas, como de quienes lo son de atropellos del Estado, uno es una cifra demasiado alta por pagar.
Vaya mi solidario pésame a quienes resultaros afectados.
Quede constancia de mi indignación ante la canalla y cobarde acción.
Mi deseo ferviente por que lo acontecido en Morelia haya sido un incidente y no el inicio de una campaña.
viernes, 5 de septiembre de 2008
Lobo
...
Comienzo por buscar lo relativo al lobo. Dice el diccionario:
(Del lat. lupus).
1. m. Mamífero carnicero de un metro aproximadamente desde el hocico hasta el nacimiento de la cola, y de seis a siete decímetros de altura hasta la cruz, pelaje de color gris oscuro, cabeza aguzada, orejas tiesas y cola larga con mucho pelo. Es animal salvaje, frecuente en España y dañino para el ganado.
En una de las expresiones vinculadas al vocablo, se dice que el “lobo cebado” es aquel que lleva cordero u otra presa en la boca y que “pillar un lobo” es expresión coloquial para embriagarse. Más allá, se destaca en el texto “pedo de lobo”.
De “pedo” nos dice que es una ventosidad que se expele del vientre por el ano; también que se usa para designar una borrachera y a un ebrio.
Del “pedo de lobo”, dice “bejín” (del latín vissīre, ventosear), que es un hongo de color blanco, cuyo cuerpo fructífero, cerrado y semejante a una bola, a veces muy voluminosa, se desgarra cuando llega a la madurez y deja salir un polvo negro, que está formado por las esporas. Se empleaba para restañar la sangre y para otros usos.
Ahora bien, el latín lupus, en diminutivo era lupulus, de cual derivó el actual "lúpulo" que es una planta trepadora, muy común en varias partes de España, de la familia de las Cannabáceas, con tallos sarmentosos de tres a cinco metros de largo, hojas parecidas a las de la vid, flores masculinas en racimo, y las femeninas en cabezuela, y fruto en forma de piña globosa, cuyas escamas cubren dos aquenios rodeados de lupulino. Los frutos, desecados, se emplean para aromatizar y dar sabor amargo a la cerveza. Como es posible que algún o alguna lectora, como yo, tampoco sepa lo que es un “aquenio” les digo que es un fruto seco, indehiscente, con una sola semilla y con pericarpio no soldado a ella. Ya entrados en ver a qué grado nos lleva el asunto, busco “indehiscente” de lo cual dice el diccionario: No dehiscente.
Me rehúso a abandonar el tema. Venga dehiscente: dicho de un fruto cuyo pericarpio se abre naturalmente para que salga la semilla. Y con tal de no dejar resquicios a la ignorancia. Pericarpio: parte exterior del fruto de las plantas, que cubre las semillas. ¿Cuáles? Pues, por ejemplo, las de lúpulo, que es una planta con la que se aromatiza la cerveza, que provoca borracheras conocidas también como pedos o pedas y en algunos sitios como pillar un lobo.
Ya a punto de verme vencido y exhausto, me doy cuenta de una cosa curiosa: búsquese por donde se le busque parece imposible desvincular a los lobos de borracheras.
A’i nos vemos, voy a echarme una cerveza.
Saludos Francisco.
Comienzo por buscar lo relativo al lobo. Dice el diccionario:
(Del lat. lupus).
1. m. Mamífero carnicero de un metro aproximadamente desde el hocico hasta el nacimiento de la cola, y de seis a siete decímetros de altura hasta la cruz, pelaje de color gris oscuro, cabeza aguzada, orejas tiesas y cola larga con mucho pelo. Es animal salvaje, frecuente en España y dañino para el ganado.
En una de las expresiones vinculadas al vocablo, se dice que el “lobo cebado” es aquel que lleva cordero u otra presa en la boca y que “pillar un lobo” es expresión coloquial para embriagarse. Más allá, se destaca en el texto “pedo de lobo”.
De “pedo” nos dice que es una ventosidad que se expele del vientre por el ano; también que se usa para designar una borrachera y a un ebrio.
Del “pedo de lobo”, dice “bejín” (del latín vissīre, ventosear), que es un hongo de color blanco, cuyo cuerpo fructífero, cerrado y semejante a una bola, a veces muy voluminosa, se desgarra cuando llega a la madurez y deja salir un polvo negro, que está formado por las esporas. Se empleaba para restañar la sangre y para otros usos.
Ahora bien, el latín lupus, en diminutivo era lupulus, de cual derivó el actual "lúpulo" que es una planta trepadora, muy común en varias partes de España, de la familia de las Cannabáceas, con tallos sarmentosos de tres a cinco metros de largo, hojas parecidas a las de la vid, flores masculinas en racimo, y las femeninas en cabezuela, y fruto en forma de piña globosa, cuyas escamas cubren dos aquenios rodeados de lupulino. Los frutos, desecados, se emplean para aromatizar y dar sabor amargo a la cerveza. Como es posible que algún o alguna lectora, como yo, tampoco sepa lo que es un “aquenio” les digo que es un fruto seco, indehiscente, con una sola semilla y con pericarpio no soldado a ella. Ya entrados en ver a qué grado nos lleva el asunto, busco “indehiscente” de lo cual dice el diccionario: No dehiscente.
Me rehúso a abandonar el tema. Venga dehiscente: dicho de un fruto cuyo pericarpio se abre naturalmente para que salga la semilla. Y con tal de no dejar resquicios a la ignorancia. Pericarpio: parte exterior del fruto de las plantas, que cubre las semillas. ¿Cuáles? Pues, por ejemplo, las de lúpulo, que es una planta con la que se aromatiza la cerveza, que provoca borracheras conocidas también como pedos o pedas y en algunos sitios como pillar un lobo.
Ya a punto de verme vencido y exhausto, me doy cuenta de una cosa curiosa: búsquese por donde se le busque parece imposible desvincular a los lobos de borracheras.
A’i nos vemos, voy a echarme una cerveza.
Saludos Francisco.
lunes, 25 de agosto de 2008
Olímpico desden
...
Concluyeron este domingo los juegos deportivos que celebraron la vigésima novena olimpíada de la era moderna en Pekín, China.
Como cada cuatro años, quienes gustamos del deporte (así sea no más para verlo) disfrutamos del grandioso espectáculo del esfuerzo y la determinación humanas en la búsqueda de un objetivo. Atletas que no entienden de derrotas a manos de sí mismos, capaces de llevar su cuerpo por encima de su propia fortaleza, para derrumbarse exhaustos, desfallecientes, fuera de sí, una vez que han llegado a la meta.
Usain Bolt y Michael Phelps han sido las grandes figuras. Prefiero al primero, aunque el segundo haya ganado un mayor número de medallas.
Phelps es un fenómeno, posiblemente el mejor nadador que haya visto el mundo. Si fuera un país, sus ocho preseas de oro lo hubieran colocado en el décimo lugar del medallero general, pero lo veo como el resultado de una ciencia para ricos.
En cambio, al jamaiquino Bolt lo me parece un desfachatado portento que puede convertirse en una auténtica leyenda del deporte. La imagen de su puño golpeando el pecho mientras sus espectaculares zancadas disminuían el ritmo a metros de la meta y aun así romper el récord del mundo en la más veloz de las pruebas, ha sido una de las más pasmosas demostraciones de poderío que se hayan visto en una pista de atletismo.
Jamaica ha trabajado en serio en las pruebas de pista. La isla se colocó en el lugar 13 de medallero con seis de oro, tres de plata y dos de bronce.
México, un desastre. Lugar 34 general, el peor de entre los paises que han organizado unos juegos. No critico a los atletas, fueron los mejores que tenemos y quienes triunfaron deben llevarse el aplauso sólo para ellos, sin regates ni embustes. Se lo han ganado a pulso. Un ¡bravo! para cada uno.
La cifra que retrata y explica las cosas no deja lugar a dudas de porqué estamos como estamos: de cada cinco pesos que se dan al deporte, nada más que uno llega al deportista. Así no se puede.
Post scriptum fuera de concurso: El nombre tradicional en español para designar a la capital de China es Pekín. El nombre Beijing es resultado de la trascripción de los caracteres chinos al alfabeto latino según el sistema "pinyin" ... se recomienda usar en nuestro idioma el nombre tradicional español (según el Diccionario panhispánico de dudas, aunque al parecer en nuestro país nadie tuvo duda de que Pekín se dice Beijing)
Concluyeron este domingo los juegos deportivos que celebraron la vigésima novena olimpíada de la era moderna en Pekín, China.
Como cada cuatro años, quienes gustamos del deporte (así sea no más para verlo) disfrutamos del grandioso espectáculo del esfuerzo y la determinación humanas en la búsqueda de un objetivo. Atletas que no entienden de derrotas a manos de sí mismos, capaces de llevar su cuerpo por encima de su propia fortaleza, para derrumbarse exhaustos, desfallecientes, fuera de sí, una vez que han llegado a la meta.
Usain Bolt y Michael Phelps han sido las grandes figuras. Prefiero al primero, aunque el segundo haya ganado un mayor número de medallas.
Phelps es un fenómeno, posiblemente el mejor nadador que haya visto el mundo. Si fuera un país, sus ocho preseas de oro lo hubieran colocado en el décimo lugar del medallero general, pero lo veo como el resultado de una ciencia para ricos.
En cambio, al jamaiquino Bolt lo me parece un desfachatado portento que puede convertirse en una auténtica leyenda del deporte. La imagen de su puño golpeando el pecho mientras sus espectaculares zancadas disminuían el ritmo a metros de la meta y aun así romper el récord del mundo en la más veloz de las pruebas, ha sido una de las más pasmosas demostraciones de poderío que se hayan visto en una pista de atletismo.
Jamaica ha trabajado en serio en las pruebas de pista. La isla se colocó en el lugar 13 de medallero con seis de oro, tres de plata y dos de bronce.
México, un desastre. Lugar 34 general, el peor de entre los paises que han organizado unos juegos. No critico a los atletas, fueron los mejores que tenemos y quienes triunfaron deben llevarse el aplauso sólo para ellos, sin regates ni embustes. Se lo han ganado a pulso. Un ¡bravo! para cada uno.
La cifra que retrata y explica las cosas no deja lugar a dudas de porqué estamos como estamos: de cada cinco pesos que se dan al deporte, nada más que uno llega al deportista. Así no se puede.
Post scriptum fuera de concurso: El nombre tradicional en español para designar a la capital de China es Pekín. El nombre Beijing es resultado de la trascripción de los caracteres chinos al alfabeto latino según el sistema "pinyin" ... se recomienda usar en nuestro idioma el nombre tradicional español (según el Diccionario panhispánico de dudas, aunque al parecer en nuestro país nadie tuvo duda de que Pekín se dice Beijing)
miércoles, 6 de agosto de 2008
Seis de agosto
...
En 1969, durante un simposio efectuado en Estocolmo con motivo de los premios Nobel, el filósofo Arthur Koestler (1905-1983) dictó una conferencia.
El material de ella, así como posteriores añadidos dieron por resultado el capítulo que inaugura la cuarta parte de su libro “En busca de lo absoluto”, el cual es considerado, conjuntamente con su antecesor “En busca de la utopía” como el testamento intelectual de este pensador húngaro de nacimiento, judío por origen y nacionalizado inglés, quien fue historiador, activista, ensayista y novelista -además de filósofo-.
Regresando al libro, dicha cuarta parte es titulada “La pulsión autodestructiva” y en el inicio del capítulo 17, dice:
“Si me pidieran que nombrase la fecha más importante de la raza humana, contestaría sin vacilar: el seis de agosto de 1945. La razón es muy simple. Desde la aurora de la conciencia hasta el 6 de agosto de 1945, el hombre tenía que vivir con la perspectiva de su muerte como individuo; desde ese día, en que la primera bomba atómica eclipsó el sol sobre Hiroshima, la humanidad en conjunto ha tenido que vivir con la perspectiva de su extinción en cuanto a especie.
Nos han enseñado a aceptar la transitoriedad de la existencia personal, pero damos por sentada la inmortalidad potencial de la raza humana. Esta creencia ha perdido validez. Tenemos que revisar nuestros axiomas.”
Por diferentes motivos, pero parece que esta perspectiva desde entonces ha perseguido nuestra especie. Lo nuclear, las epidemias, el calentamiento global.
Hay quien lo sabe y lo vive, hay quien lo ignora y sobrevive, hay quien lo sabe y le vale, habrá quien lo ignore y lo pague.
Pero sin importar qué, quienes amamos la vida y la conciencia de la misma, apostamos a pensar que este zoo humano seguirá, a pesar de sí mismo; aunque bien podríamos darnos una ayudadita, dejando de cometer tanta tontería.
En 1969, durante un simposio efectuado en Estocolmo con motivo de los premios Nobel, el filósofo Arthur Koestler (1905-1983) dictó una conferencia.
El material de ella, así como posteriores añadidos dieron por resultado el capítulo que inaugura la cuarta parte de su libro “En busca de lo absoluto”, el cual es considerado, conjuntamente con su antecesor “En busca de la utopía” como el testamento intelectual de este pensador húngaro de nacimiento, judío por origen y nacionalizado inglés, quien fue historiador, activista, ensayista y novelista -además de filósofo-.
Regresando al libro, dicha cuarta parte es titulada “La pulsión autodestructiva” y en el inicio del capítulo 17, dice:
“Si me pidieran que nombrase la fecha más importante de la raza humana, contestaría sin vacilar: el seis de agosto de 1945. La razón es muy simple. Desde la aurora de la conciencia hasta el 6 de agosto de 1945, el hombre tenía que vivir con la perspectiva de su muerte como individuo; desde ese día, en que la primera bomba atómica eclipsó el sol sobre Hiroshima, la humanidad en conjunto ha tenido que vivir con la perspectiva de su extinción en cuanto a especie.
Nos han enseñado a aceptar la transitoriedad de la existencia personal, pero damos por sentada la inmortalidad potencial de la raza humana. Esta creencia ha perdido validez. Tenemos que revisar nuestros axiomas.”
Por diferentes motivos, pero parece que esta perspectiva desde entonces ha perseguido nuestra especie. Lo nuclear, las epidemias, el calentamiento global.
Hay quien lo sabe y lo vive, hay quien lo ignora y sobrevive, hay quien lo sabe y le vale, habrá quien lo ignore y lo pague.
Pero sin importar qué, quienes amamos la vida y la conciencia de la misma, apostamos a pensar que este zoo humano seguirá, a pesar de sí mismo; aunque bien podríamos darnos una ayudadita, dejando de cometer tanta tontería.
jueves, 24 de julio de 2008
Una pestañita
...
Cuesta pensar que la semana termine.
Estoy tan cansado que me da lo mismo saber que sea viernes o lunes lo que ha de venir mañana. Nada pido más allá de unas horas de profundo sueño.
El libro que compré el fin de semana pasado (el primero libre en meses) sólo muestra un raquítico avance.
¿Qué más tienen que decir Abelardo y Heloísa?
Abelardo fue uno de los más prestigiosos y brillantes maestros que vio el París medieval.
Heloísa una inteligente y bella mujer a quien le fue dado estudiar. Abelardo fue su maestro.
Ambos se enamoraron, los dos sufrieron. Fue un amor desgraciado.
En el trabajo, las urgencias no piden ni dan cuartel. Imponen su ilógica dinámica y su demandante forma de resolverse, lo mismo en un feliz minuto que en agónicas semanas.
No me quejo, me gusta lo que hago. Aunque hoy pido esquina.
Pero de aquellos seres, me espera la lectura de su correspondencia, me ha esperado casi novecientos años. Que me espere un poco más. Sólo hasta mañana.
Cuesta pensar que la semana termine.
Estoy tan cansado que me da lo mismo saber que sea viernes o lunes lo que ha de venir mañana. Nada pido más allá de unas horas de profundo sueño.
El libro que compré el fin de semana pasado (el primero libre en meses) sólo muestra un raquítico avance.
¿Qué más tienen que decir Abelardo y Heloísa?
Abelardo fue uno de los más prestigiosos y brillantes maestros que vio el París medieval.
Heloísa una inteligente y bella mujer a quien le fue dado estudiar. Abelardo fue su maestro.
Ambos se enamoraron, los dos sufrieron. Fue un amor desgraciado.
En el trabajo, las urgencias no piden ni dan cuartel. Imponen su ilógica dinámica y su demandante forma de resolverse, lo mismo en un feliz minuto que en agónicas semanas.
No me quejo, me gusta lo que hago. Aunque hoy pido esquina.
Pero de aquellos seres, me espera la lectura de su correspondencia, me ha esperado casi novecientos años. Que me espere un poco más. Sólo hasta mañana.
martes, 22 de julio de 2008
Tiempo de letras
Hace ya tiempo que no me acerco a este espacio
Razones o sin razones hay de todo tipo y calibre. Baste con decir que todas o ninguna valen para ello.
En fin, el asunto es que espero retomar y regularizar estas líneas esta misma semana.
Recibe un saludo cordial.
Razones o sin razones hay de todo tipo y calibre. Baste con decir que todas o ninguna valen para ello.
En fin, el asunto es que espero retomar y regularizar estas líneas esta misma semana.
Recibe un saludo cordial.
martes, 27 de mayo de 2008
Barbas tienes...
...
Mi padre era un caso especial respecto a la tecnología. Le costaba adaptarse.
Recuerdo cómo insistentemente sus amigos le urgían a modernizar el automóvil, la televisión o cualquier otro de cachivache por el estilo. Le daba risa.
En casa, era todo un caso el de la televisión. Siempre teníamos un modelo con ya varios años de servicio, excepto cuando surgió una empresa de telerenta, la cual por una cuota mensual alquilaba el aparato y, en caso de descompostura, lo sustituía por otro el mismo día. Un buen servicio. Pero ocurrió que la empresa cerró y adiós a la tele.
Compró entonces mi padre una tele de color (teníamos una en blanco y negro).
Al paso del tiempo y a fuerza del uso, ocurrió un curioso fenómeno: la tele de color se convirtió en una de blanco y negro, mientras que la de blanco y negro quedó degradada a radio, pues perdió la imagen.
Huelga decir que ambas tenían controles manuales, pues a mi padre le parecía innecesario el control remoto teniendo cuatro hijos a los que podía indicar que cambiaran de canal, subir o bajar el volumen, ajustar la pantalla, etc. El servicio de cable llegó hasta que pudimos costearlo los hijos y con él, el bendito control remoto, al que, por supuesto, luego mi Jefe se hizo adicto.
Por ello me resultaba muy curioso que en materia de afeitado mi Papá siempre estuviera dispuesto a intentarlo todo.
Cuando yo era niño lo recuerdo con la máquina Gillette de una sola hoja, la cual se fijaba al cabezal mediante un mecanismo de tornillo, luego salió al mercado la de hojas gemelas, la cual adquirió de inmediato; vino la de cabeza móvil y para luego es tarde la adquirió; en cuanto llegó la de tres hojas, tampoco lo pensó demasiado: a los pocos días ya estaba lista en su lavabo. A lo que no renunció fue a enjabonarse la cara con brocha de cerdas naturales y a ponerse esos “after shave” a base de alcohol que podían hacer derramar lágrimas al más bragado de los hombres al aplicarla generosamente en el rostro luego de una afeitada realmente al ras. Eso sí, dejaban la cara con la tersura, suavidad y lozanía sólo equiparables con la de una candorosa colegiala.
Tenía una máquina eléctrica de afeitar, pero nunca le tomó gustó (Con ese armatoste conseguí la difícilmente igualable hazaña de cortarme mientras me rasuraba).
Cuando mi Jefe ya estaba enfermo y le costaba el afeitado, mi hermano le obsequió un modelo más moderno (no mucho, sólo unos 30 años). Aunque agradeció el gesto y la utilizó, no creo que haya sido de su completo agrado. Cuando podía se afeitaba con jabón y rastrillo.
Y, ¿a qué viene esto? Bueno, recién me compré un nuevo rastrillo de afeitar. Viene con tres hojas en paralelo, mecanismo flotante, cabeza móvil, banda lubricante hidrosoluble, franja de hule estriado, mango antiderrapante, diseño aerodinámico, “look” deportivo y está equipada con mecanismo emisor de “micro vibraciones”. Me cai que le hubiera encantado.
Mi padre era un caso especial respecto a la tecnología. Le costaba adaptarse.
Recuerdo cómo insistentemente sus amigos le urgían a modernizar el automóvil, la televisión o cualquier otro de cachivache por el estilo. Le daba risa.
En casa, era todo un caso el de la televisión. Siempre teníamos un modelo con ya varios años de servicio, excepto cuando surgió una empresa de telerenta, la cual por una cuota mensual alquilaba el aparato y, en caso de descompostura, lo sustituía por otro el mismo día. Un buen servicio. Pero ocurrió que la empresa cerró y adiós a la tele.
Compró entonces mi padre una tele de color (teníamos una en blanco y negro).
Al paso del tiempo y a fuerza del uso, ocurrió un curioso fenómeno: la tele de color se convirtió en una de blanco y negro, mientras que la de blanco y negro quedó degradada a radio, pues perdió la imagen.
Huelga decir que ambas tenían controles manuales, pues a mi padre le parecía innecesario el control remoto teniendo cuatro hijos a los que podía indicar que cambiaran de canal, subir o bajar el volumen, ajustar la pantalla, etc. El servicio de cable llegó hasta que pudimos costearlo los hijos y con él, el bendito control remoto, al que, por supuesto, luego mi Jefe se hizo adicto.
Por ello me resultaba muy curioso que en materia de afeitado mi Papá siempre estuviera dispuesto a intentarlo todo.
Cuando yo era niño lo recuerdo con la máquina Gillette de una sola hoja, la cual se fijaba al cabezal mediante un mecanismo de tornillo, luego salió al mercado la de hojas gemelas, la cual adquirió de inmediato; vino la de cabeza móvil y para luego es tarde la adquirió; en cuanto llegó la de tres hojas, tampoco lo pensó demasiado: a los pocos días ya estaba lista en su lavabo. A lo que no renunció fue a enjabonarse la cara con brocha de cerdas naturales y a ponerse esos “after shave” a base de alcohol que podían hacer derramar lágrimas al más bragado de los hombres al aplicarla generosamente en el rostro luego de una afeitada realmente al ras. Eso sí, dejaban la cara con la tersura, suavidad y lozanía sólo equiparables con la de una candorosa colegiala.
Tenía una máquina eléctrica de afeitar, pero nunca le tomó gustó (Con ese armatoste conseguí la difícilmente igualable hazaña de cortarme mientras me rasuraba).
Cuando mi Jefe ya estaba enfermo y le costaba el afeitado, mi hermano le obsequió un modelo más moderno (no mucho, sólo unos 30 años). Aunque agradeció el gesto y la utilizó, no creo que haya sido de su completo agrado. Cuando podía se afeitaba con jabón y rastrillo.
Y, ¿a qué viene esto? Bueno, recién me compré un nuevo rastrillo de afeitar. Viene con tres hojas en paralelo, mecanismo flotante, cabeza móvil, banda lubricante hidrosoluble, franja de hule estriado, mango antiderrapante, diseño aerodinámico, “look” deportivo y está equipada con mecanismo emisor de “micro vibraciones”. Me cai que le hubiera encantado.
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