Hoy es la fecha elegida para celebrar el día internacional del libro. Como muchos sabemos, es el día en que se conmemora el fallecimiento de dos de los más grandes escritores que han pisado la faz de la tierra: Miguel de Cervantes y William Shakespeare.
El 23 de abril de 1616, ambos murieron, lo que pocos saben es que aunque fueron exactamente en la misma fecha, los sucesos no tuvieron lugar el mismo día.
Es necesario recordar que durante siglos se utilizó el llamado calendario juliano, establecido por Julio César en 45 a.C. En él se había fijado la duración del año en 365 días y un cuarto. Lo cual era bastante exacto, pero el diferencial de minutos por año, se había sumado y en el siglo XVI totalizaba ya un desfase de varios días (unos doce).
La iglesia había advertido el error y puso manos a la obra, con la finalidad de reparar el asunto. Desde 1545, durante el papado de Pablo III, se decidió corregirlo, pero no fue sino hasta que Gregorio XIII arribó al trono de san Pedro en que se puso remedio.
En bula emitida en febrero de 1582, se ordenó que al jueves 4 de octubre le seguiría el viernes 15 de octubre ese año. Santo remedio. (el porqué de la fecha, es otra historia)
De modo que, bula de por medio, así se hizo por todo el mundo. Bueno, casi.
A decir verdad, se aplicó de manera inmediata en Italia, España (supongo que en todas sus tierras de ultramar), Portugal, Francia y Luxemburgo. El resto de Europa y del mundo lo fue haciendo de manera paulatina, por ejemplo: en Inglaterra entró en vigor en 1752, en Japón en 1873, Rusia en 1918 y Grecia hasta 1923. O sea que la cosa fue tomada con calma.
Así las cosas, rigieron dos calendarios diferentes en el mundo.
Para el caso que nos ocupa, en el año de 1616 Inglaterra tenía el viejo calendario juliano en uso, mientras que España ya usaba el nuevo calendario gregoriano.
De modo que cuando Don Miguel de Cervantes murió, el 23 de abril en España, en Inglaterra era apenas el 13 del mismo mes, y cuando a Don William le tocó el turno de entregar cuentas al creador, en España ya era el 3 de mayo, aunque en Inglaterra fuese el 23 de abril.
De lo que se entera uno…
miércoles, 23 de abril de 2008
miércoles, 9 de abril de 2008
Tempus fugit
El ser humano ha conseguido medir con extraordinaria precisión el paso del tiempo.
Para los fines de la vida diaria, la unidad denominada como “segundo” parece ser suficiente y, para los estándares de impuntualidad mexicana, incluso exagerada.
De acuerdo con el Sistema Internacional de Unidades, un segundo es igual a 9.192.631.770 períodos de radiación correspondiente a la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo 133 del átomo de cesio (133Cs), medidos a 0 K. Acerca de lo cual sólo sé que “0 K” (la temperatura a la que se hace la medición) es de -273.15 grados centígrados (el cero absoluto) y lo demás me resulta una variante del sánscrito traducido al japonés por un malayo ebrio.
Sin embargo, en ocasiones resulta imprescindible contar con mediciones aún más precisas para fines específicos.
A manera de ejemplo: centisegundo; milisegundo; microsegundo; nanosegundo; picosegundo; femtosegundo; attosegundo (0.0000000000000000001 de segundo).
A pesar de todo ello, determinar la duración precisa de un instante ha resultado un desafío más allá de las capacidades tecnológicas humanas. Hasta hoy.
Efectivamente, lo que ningún medio había podido definir con la exactitud que el asunto requiere, ha sido posible hacerlo en esta Ciudad de México.
La experiencia urbana, la reflexión paciente y el dedicado esfuerzo de abstracción de quienes habitan este valle, han dado un fruto maduro, exacto y quintaesencial. Justo es ponderar dicho logro y regodearnos en ello.
Sin más preámbulo:
Instante: periodo de tiempo que transcurre entre que la luz del semáforo se pone en verde y el imbécil de atrás nos toca el claxon.
Una joya.
Para los fines de la vida diaria, la unidad denominada como “segundo” parece ser suficiente y, para los estándares de impuntualidad mexicana, incluso exagerada.
De acuerdo con el Sistema Internacional de Unidades, un segundo es igual a 9.192.631.770 períodos de radiación correspondiente a la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo 133 del átomo de cesio (133Cs), medidos a 0 K. Acerca de lo cual sólo sé que “0 K” (la temperatura a la que se hace la medición) es de -273.15 grados centígrados (el cero absoluto) y lo demás me resulta una variante del sánscrito traducido al japonés por un malayo ebrio.
Sin embargo, en ocasiones resulta imprescindible contar con mediciones aún más precisas para fines específicos.
A manera de ejemplo: centisegundo; milisegundo; microsegundo; nanosegundo; picosegundo; femtosegundo; attosegundo (0.0000000000000000001 de segundo).
A pesar de todo ello, determinar la duración precisa de un instante ha resultado un desafío más allá de las capacidades tecnológicas humanas. Hasta hoy.
Efectivamente, lo que ningún medio había podido definir con la exactitud que el asunto requiere, ha sido posible hacerlo en esta Ciudad de México.
La experiencia urbana, la reflexión paciente y el dedicado esfuerzo de abstracción de quienes habitan este valle, han dado un fruto maduro, exacto y quintaesencial. Justo es ponderar dicho logro y regodearnos en ello.
Sin más preámbulo:
Instante: periodo de tiempo que transcurre entre que la luz del semáforo se pone en verde y el imbécil de atrás nos toca el claxon.
Una joya.
martes, 1 de abril de 2008
Peliagudo
Mientras conduzco, pienso en lo afortunado que soy. El trayecto del trabajo a casa lo puedo realizar por calles interiores, casi siempre semivacías. Lo que convierte el retorno en un relajante paseíllo las más de las veces.
En estas deliberaciones me encuentro al llegar a semáforo, ahí me sorprende una voz femenina:
- ¡Popotes!
No ubico, bien a bien a quién le hablan o a qué se refiere la voz, giro la cabeza y me encuentro con una mujer de unos indefinibles e indefendibles 60 o más años.
- Que si quiere popotes…
Veo que ofrece paquetes de popotes y sí, sí se dirige a mí.
- No muchas gracias.
- Son de plástico cristal, de colores y flexibles…
- No, se lo agradezco, pero no traigo dinero
La dama me mira y me dice mostrando las desdentadas encías en un intento de sonrisa:
- Si le digo algo, ¿no se enoja?
- Perdón…?
- Que si le digo no se enoja…
Balbuceé algo como: Pssnosesisi, este mmm…
- Necesita vitaminas!
- Vitaminas?
- Sí, joven, para que le salga pelo.
Me decía entusiasmada mientras se tiraba los folículos pilosos de su cana pero hirsuta cabellera.
- La B-12 es muy buena, si muy buena para el pelo… festinaba, mientras tras los gruesos cristales de sus anteojos chispeaban sus ojillos.
- Bueno, sí
La luz del semáforo ya era verde, de manera que comencé a avanzar.
- Adiós! Me dijo todavía.
- Adiós, ¿gracias?
- Ándele.
Al pasar la calle, aún la vi por el espejo retrovisor: muy risueña, moviendo la mano.
La próxima vez, mejor le compro unos popotes.
En estas deliberaciones me encuentro al llegar a semáforo, ahí me sorprende una voz femenina:
- ¡Popotes!
No ubico, bien a bien a quién le hablan o a qué se refiere la voz, giro la cabeza y me encuentro con una mujer de unos indefinibles e indefendibles 60 o más años.
- Que si quiere popotes…
Veo que ofrece paquetes de popotes y sí, sí se dirige a mí.
- No muchas gracias.
- Son de plástico cristal, de colores y flexibles…
- No, se lo agradezco, pero no traigo dinero
La dama me mira y me dice mostrando las desdentadas encías en un intento de sonrisa:
- Si le digo algo, ¿no se enoja?
- Perdón…?
- Que si le digo no se enoja…
Balbuceé algo como: Pssnosesisi, este mmm…
- Necesita vitaminas!
- Vitaminas?
- Sí, joven, para que le salga pelo.
Me decía entusiasmada mientras se tiraba los folículos pilosos de su cana pero hirsuta cabellera.
- La B-12 es muy buena, si muy buena para el pelo… festinaba, mientras tras los gruesos cristales de sus anteojos chispeaban sus ojillos.
- Bueno, sí
La luz del semáforo ya era verde, de manera que comencé a avanzar.
- Adiós! Me dijo todavía.
- Adiós, ¿gracias?
- Ándele.
Al pasar la calle, aún la vi por el espejo retrovisor: muy risueña, moviendo la mano.
La próxima vez, mejor le compro unos popotes.
miércoles, 19 de marzo de 2008
No es por presumir...
El buen amigo Juan de Lobos me ha hecho favor de otorgarle este galardón a nuestro sitio.Aquí lo muestro con gusto y lo comparto.
¡Gracias Juan y mándale un abrazo grande a Francisco!
lunes, 17 de marzo de 2008
Deporteando
Domingo 16 de marzo.
Corre el minuto 62 del partido entre las selecciones de futbol preolímpicas de México y Haití. El representativo azteca necesita ganar por cinco goles de diferencia para aspirar a continuar con vida en el torneo calificatorio para los juegos olímpicos de Beijing, a celebrarse en agosto de 2008.
Recién acaban de conseguir la segunda de las cinco anotaciones que requieren.
El mexicano Edgar Castillo emprende una escapada por la banda izquierda y encara a un rival dentro del área, consigue eludirlo y, con ello, parece crear una oportunidad clara para enviar un centro potencialmente fulminante, pues cuatro de sus compañeros merodean la portería y la marca de los haitianos deja mucho que desear; pero Castillo no centra, ni siquiera continúa con su carrera, con descaro y falta de vergüenza, se tira intentando engañar al árbitro y que éste conceda un tiro penal. Falla miserablemente en su intento. Los caribeños se hacen con el balón y en un suspiro cruzan la cancha hasta los linderos del área mexicana, desde ahí su atacante larga un disparo al estilo de los clásicos: fuerte, raso y colocado. Es inútil la estirada del longilíneo Guillermo Ochoa. La meta es alcanzada y entonces los cartones se ponen dos a uno.
Ni las fallas infames de Landín y Fernández me parecieron tan penosas como el grotesco espectáculo de recibir un gol como consecuencia de intentar engañar antideportivamente.
Al finalizar los noventa minutos de juego (más cinco añadidos por el silbante) el marcador dice: México 5, Haití 1. Los mexicanos están eliminados. No asistirán a los Juegos Olímpicos.
--- 000 ---
Sábado 15 de marzo en Las Vegas, Nevada.
El filipino Manny Pacquiao enfrenta al mexicano Juan Manuel Márquez por el título superpluma del Consejo Mundial de Boxeo.
Tras dos buenos primeros asaltos del mexicano, en el tercero, el filipino hace valer el terrible poder de sus nudillos y con violento izquierdazo pone de cara a las lámparas a su oponente. Márquez se levanta, capea el temporal y logra terminar de pie.
Todo pundonor y coraje, el mexicano devuelve golpe por golpe el resto de la pelea y en el octavo episodio conecta demoledores ganchos a su rival, poniéndolo al borde del knockout, pero Pacquiao también es un guerrero indomable y se mantiene en el combate.
El mexicano ha sido cortado. Producto de un cabezazo, tiene un tremendo tajo encima del ojo derecho, que amenaza el que pueda continuar. Pero el filipino presenta también las huellas de la paliza: dos cortes ensangrientan su rostro.
Tras doce asaltos de brutal pelea, ambos llegan lastimados, exhaustos, pero gallardos y bravos hasta el final. El público les brinda una prolongada ovación.
Márquez ha conseguido conectar mayor número de golpes y en varias ocasiones puso en malas condiciones a su oponente, en la esquina de Pacquiao no hay confianza, saben que la pelea ha sido dura y que lo han castigado como nunca.
Sin embargo, una decisión dividida otorga la victoria al filipino, me parece que injustamente.
Cuando regresen a México, los preolímpicos llegarán cargando una victoria humillante, pero Márquez, incólume el orgullo, traerá una derrota de la que jamás podrá sentirse avergonzado.
Así es la vida.
Corre el minuto 62 del partido entre las selecciones de futbol preolímpicas de México y Haití. El representativo azteca necesita ganar por cinco goles de diferencia para aspirar a continuar con vida en el torneo calificatorio para los juegos olímpicos de Beijing, a celebrarse en agosto de 2008.
Recién acaban de conseguir la segunda de las cinco anotaciones que requieren.
El mexicano Edgar Castillo emprende una escapada por la banda izquierda y encara a un rival dentro del área, consigue eludirlo y, con ello, parece crear una oportunidad clara para enviar un centro potencialmente fulminante, pues cuatro de sus compañeros merodean la portería y la marca de los haitianos deja mucho que desear; pero Castillo no centra, ni siquiera continúa con su carrera, con descaro y falta de vergüenza, se tira intentando engañar al árbitro y que éste conceda un tiro penal. Falla miserablemente en su intento. Los caribeños se hacen con el balón y en un suspiro cruzan la cancha hasta los linderos del área mexicana, desde ahí su atacante larga un disparo al estilo de los clásicos: fuerte, raso y colocado. Es inútil la estirada del longilíneo Guillermo Ochoa. La meta es alcanzada y entonces los cartones se ponen dos a uno.
Ni las fallas infames de Landín y Fernández me parecieron tan penosas como el grotesco espectáculo de recibir un gol como consecuencia de intentar engañar antideportivamente.
Al finalizar los noventa minutos de juego (más cinco añadidos por el silbante) el marcador dice: México 5, Haití 1. Los mexicanos están eliminados. No asistirán a los Juegos Olímpicos.
--- 000 ---
Sábado 15 de marzo en Las Vegas, Nevada.
El filipino Manny Pacquiao enfrenta al mexicano Juan Manuel Márquez por el título superpluma del Consejo Mundial de Boxeo.
Tras dos buenos primeros asaltos del mexicano, en el tercero, el filipino hace valer el terrible poder de sus nudillos y con violento izquierdazo pone de cara a las lámparas a su oponente. Márquez se levanta, capea el temporal y logra terminar de pie.
Todo pundonor y coraje, el mexicano devuelve golpe por golpe el resto de la pelea y en el octavo episodio conecta demoledores ganchos a su rival, poniéndolo al borde del knockout, pero Pacquiao también es un guerrero indomable y se mantiene en el combate.
El mexicano ha sido cortado. Producto de un cabezazo, tiene un tremendo tajo encima del ojo derecho, que amenaza el que pueda continuar. Pero el filipino presenta también las huellas de la paliza: dos cortes ensangrientan su rostro.
Tras doce asaltos de brutal pelea, ambos llegan lastimados, exhaustos, pero gallardos y bravos hasta el final. El público les brinda una prolongada ovación.
Márquez ha conseguido conectar mayor número de golpes y en varias ocasiones puso en malas condiciones a su oponente, en la esquina de Pacquiao no hay confianza, saben que la pelea ha sido dura y que lo han castigado como nunca.
Sin embargo, una decisión dividida otorga la victoria al filipino, me parece que injustamente.
Cuando regresen a México, los preolímpicos llegarán cargando una victoria humillante, pero Márquez, incólume el orgullo, traerá una derrota de la que jamás podrá sentirse avergonzado.
Así es la vida.
domingo, 9 de marzo de 2008
Fugaz
Hay ocasiones en que a la vuelta de la esquina un mínimo suceso cambia la perspectiva del día: un aroma, una imagen, una palabra, un sonido, un sabor, una textura. Qué sé yo.
El resorte que en el instante se dispara, provoca la recreación de un evento almacenado en la memoria por tiempo indefinido, lo mismo una horas que lustros o décadas.
El tiempo entonces, aún tiempo, lo es de un modo diferente, personal, íntimo y sugerente.
Ese instante se prolonga con matices qué sólo quien lo vive interpreta, mas caprichoso se fuga de la mente o se disuelve en la cotidianeidad, dejando acaso la sensación, a veces gozosa, a veces melancólica de un aspecto de nuestra vida que, por haber sido, hoy vuelve.
Tal vez, sea esta una forma de caer en cuenta que siendo quienes somos, lo somos de diversas y, en ocasiones, insospechadas maneras.
El resorte que en el instante se dispara, provoca la recreación de un evento almacenado en la memoria por tiempo indefinido, lo mismo una horas que lustros o décadas.
El tiempo entonces, aún tiempo, lo es de un modo diferente, personal, íntimo y sugerente.
Ese instante se prolonga con matices qué sólo quien lo vive interpreta, mas caprichoso se fuga de la mente o se disuelve en la cotidianeidad, dejando acaso la sensación, a veces gozosa, a veces melancólica de un aspecto de nuestra vida que, por haber sido, hoy vuelve.
Tal vez, sea esta una forma de caer en cuenta que siendo quienes somos, lo somos de diversas y, en ocasiones, insospechadas maneras.
martes, 26 de febrero de 2008
Del tránsito cotidiano
Circulaba yo por las calles de la colonia Del Valle de este Valle del Anáhuac.
Al llegar a una esquina, noté que si intentaba atravesarla estorbaría la circulación, de modo que muy civilizadamente cedí el paso a quienes venían por la perpendicular. Al sujeto que se encontraba atrás de mí, esto no le pareció correcto o citadinamente aceptable.
Tocó desaforadamente su claxon, encendió y apagó sus luces al ritmo frenético de su hiper excitado estado de ánimo y realizó todo tipo de contorsiones, caras y gestos para “obligarme” a embestir a quienes osaban interponerse en su camino. No lo pelé.
Al disminuir el flujo de vehículos, comenzamos a avanzar, pero el especímen, a punto de sufrir una apoplejía, me rebasó por la derecha y se colocó frente a mi auto. Acto seguido se quedó parado antes de cruzar por completo la calle, para que entonces yo estorbara forzadamente.
Me ganó la carcajada.
El irascible conductor era un repartidor a bordo de una destartalada motocicleta. De la parte trasera de su casco, asomaba la visera de una gorra, en ella estaba escrita la frase “Mad dog”.
Huelgan más comentarios.
Al llegar a una esquina, noté que si intentaba atravesarla estorbaría la circulación, de modo que muy civilizadamente cedí el paso a quienes venían por la perpendicular. Al sujeto que se encontraba atrás de mí, esto no le pareció correcto o citadinamente aceptable.
Tocó desaforadamente su claxon, encendió y apagó sus luces al ritmo frenético de su hiper excitado estado de ánimo y realizó todo tipo de contorsiones, caras y gestos para “obligarme” a embestir a quienes osaban interponerse en su camino. No lo pelé.
Al disminuir el flujo de vehículos, comenzamos a avanzar, pero el especímen, a punto de sufrir una apoplejía, me rebasó por la derecha y se colocó frente a mi auto. Acto seguido se quedó parado antes de cruzar por completo la calle, para que entonces yo estorbara forzadamente.
Me ganó la carcajada.
El irascible conductor era un repartidor a bordo de una destartalada motocicleta. De la parte trasera de su casco, asomaba la visera de una gorra, en ella estaba escrita la frase “Mad dog”.
Huelgan más comentarios.
sábado, 16 de febrero de 2008
Eso que llaman amor
No podía dejar pasar el pretexto de San Valentín.
AMAR. del latín amare ‘amar’, probablemente de una palabra infantil amma ‘madre’.
AMOR. (Del lat. amor-oris) m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser. // 2. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. // 3. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo. // 4. Tendencia a la unión sexual. // 5. Blandura, suavidad. Cuidar el jardín con amor. // 6. Persona amada. // 7. Esmero con que se trabaja una obra deleitándose en ella. // 8. p.us. Apetito sexual de los animales. // 9. ant. Voluntad, consentimiento. // 10. ant. Convenio o ajuste. // 11. pl. Relaciones amorosas. // 12. Objeto de cariño especial a alguien. // 13. Expresiones de amor, caricias, requiebros. // 14. cadillo (planta umbelífera).
AMOR. El amor, según Hesíodo, era el más bello de los inmortales. Su personificación no aparece, sin embargo en los poemas homéricos. Más tarde, los griegos hicieron distinción entre Hímeros (el Deseo) y Eros (el amor propiamente tal). // Plásticamente, se le representa como un niño con alas, un carcaj con flechas y, a menudo, una venda sobre los ojos. // La fábula de Amor y Psiquis es uno de los más legendarios y atrayentes mitos de la antigüedad clásica, que ha influido en la literatura y en la música. // En el simbolismo universal, el corazón, la rosa y la flor de loto son los atributos plásticos del Amor. // El Amor Divino se representa por un corazón en llamas o atravesado por una saeta que, a su vez, es el símbolo de oración; el amor a Dios está simbolizado por la alondra, y el amor puro, por una rosa blanca.
AMOR. Empédocles fue el primer filósofo que utilizó la idea del amor en sentido cósmico-metafísico, al considerar al amor y a la lucha como principios de unión y separación respectivamente de los elementos que constituyen el universo. Pero la noción de amor adquirió una significación a la vez central y compleja solamente en Platón. Muchas son las referencias al amor, las descripciones y las clasificaciones del amor que hallamos en Platón. Se lo compara con una forma de caza (El sofista); es como una locura (Fedro); un dios poderoso. Puede haber tres clases de amor: el del cuerpo, el del alma y una mezcla de ambos (Leyes). En general, el amor puede ser malo o ilegítimo y bueno o legítimo; el amor malo no es propiamente el amor del cuerpo por el cuerpo, sino aquél que no está iluminado por el amor del alma y no tiene en cuenta la irradiación sobre el cuerpo que producen las ideas. [...]
AMOR:
Algo que se ha convertido en una palabra de cuatro letras para un crucigrama.
Fritz Lang
Una trampa que nos ha puesto la naturaleza para lograr la preservación de la especie.
Somerset Maugham
Locura temporal que desaparece con el matrimonio.
Ambrose Bierce
Una afección mental que nos hace percibir a una mujer como diferente a todas las demás.
H.L. Mencken
Como el sarampión; muy grave si se presenta en la madurez.
Douglas Jerrold
La sabiduría del tonto, y la tontería del sabio.
H.L. Mencken
O lo que es lo mismo: pásele a lo barrido y escoja la definición que más le guste, acomode o menos le desagrade; después de todo, nadie sabe qué es esa extraña afección que lo mismo alegra que lacera el corazón.
Fuentes:
GÓMEZ DE SILVA, Guido: Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Española, El Colegio de México / Fondo de Cultura Económica.
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la Lengua Española, vigésima segunda edición, Espasa.
PÉREZ-RIOJA, J.A.: Diccionario de Símbolos y Mitos, Tecnos.
FERRATER MORA, José: Diccionario de Filosofía Abreviado, Editorial Hermes.
DILLON-MALONE, Autrey: El Diccionario de los Cínicos, Grupo Editorial Tomo.
La imagen que ilustra el presente, es un grabadito en linóleo de mi autoría. ¡Ajúa!
viernes, 8 de febrero de 2008
La tarea
No puedo sino reconocer mi ignorancia en materia de pedagogía.
Lo anterior es una declaratoria necesaria para entender desde dónde me atrevo a opinar o, si se quiere, explicará a la luz del entendimiento de quienes conocen la materia, mi falta de pudor para exponer el tema.
En fin, el asunto es que no entiendo para qué sirven las tareas escolares, especialmente durante la primaria.
Los padres mandamos a nuestros hijos a un lugar especializado en proporcionar la formación académica necesaria para insertar a los niños en la sociedad de forma productiva.
En ese sitio, se encuentran profesionales de la educación concentrados en hallar y aplicar las metodologías y recursos didácticos para que los pequeños reciban y aprovechen al máximo la información que se les ofrece.
Entre seis y ocho horas, cinco días a la semana, estos profesionales disponen de los cerebros y neuronas de los pequeños para enseñarles aquello que ha sido marcado en un programa educativo elaborado por expertos en estos menesteres, de acuerdo con el grado que se curse y a las habilidades, destrezas y condiciones de madurez requeridos en cada edad.
Muchos de los niños, no todos desafortunadamente, llegan a la escuela frescos, descansados y en condiciones propicias para recibir la información.
De modo que en la escuela se cuenta con la condiciones más apropiadas para poder trabajar con los infantes y que éstos aprendan adecuadamente.
Así las cosas.
Por la tarde, el niño está harto de lo visto en clase y en casa tiene todo género de distractores; la madre o el padre, regularmente no están capacitados para impartir la clase y en muchos casos vienen de lidiar con sus propios problemas del trabajo. Y en lugar de platicar con los niños comienza la sesión de preguntas y respuestas, de amenazas o reproches, de comenzar a identificar el saber con el sufrir y el aprender con pasar un mal rato.
En esas condiciones, inicia la lucha grecomarrana para intentar explicar al vástago que: “la expresión numérica de una fracción se representa como el cociente del triunvirato que provocó la decadencia del imperio romano durante la glaciación de la última fanerógama asociada a la hipotenusa caústica provocada por el sonoro rugir del cañón”. No manchen.
Como padre, pido paz. Denme chance de llegar a casa sin broncas.
Yo no sé, pero como adultos sabemos que es necesario llevarse el trabajo a casa, algo no está resultando bien. Y ¿no resulta un contrasentido que de niños nos enseñen que es necesario llevarse trabajo a casa?
Reitero mi desconocimiento del asunto, pero de plano yo sí que me pronuncio por que a los niños los dejemos jugar más por la tarde, que vayan a hacer deporte, o a aprender música u otro idioma, que sepan cómo construir una casa para iniciar el club de Tobi, cómo se cura un raspón de rodillas, se toma de la misma botella de refresco, se consiguen frutas gratis, por dónde pasan l@s chic@s más guap@s, o cómo se puede vagar relajadamente.
Que hagan todas esas cosas que una vez adultos, recordamos siempre.
Lo anterior es una declaratoria necesaria para entender desde dónde me atrevo a opinar o, si se quiere, explicará a la luz del entendimiento de quienes conocen la materia, mi falta de pudor para exponer el tema.
En fin, el asunto es que no entiendo para qué sirven las tareas escolares, especialmente durante la primaria.
Los padres mandamos a nuestros hijos a un lugar especializado en proporcionar la formación académica necesaria para insertar a los niños en la sociedad de forma productiva.
En ese sitio, se encuentran profesionales de la educación concentrados en hallar y aplicar las metodologías y recursos didácticos para que los pequeños reciban y aprovechen al máximo la información que se les ofrece.
Entre seis y ocho horas, cinco días a la semana, estos profesionales disponen de los cerebros y neuronas de los pequeños para enseñarles aquello que ha sido marcado en un programa educativo elaborado por expertos en estos menesteres, de acuerdo con el grado que se curse y a las habilidades, destrezas y condiciones de madurez requeridos en cada edad.
Muchos de los niños, no todos desafortunadamente, llegan a la escuela frescos, descansados y en condiciones propicias para recibir la información.
De modo que en la escuela se cuenta con la condiciones más apropiadas para poder trabajar con los infantes y que éstos aprendan adecuadamente.
Así las cosas.
Por la tarde, el niño está harto de lo visto en clase y en casa tiene todo género de distractores; la madre o el padre, regularmente no están capacitados para impartir la clase y en muchos casos vienen de lidiar con sus propios problemas del trabajo. Y en lugar de platicar con los niños comienza la sesión de preguntas y respuestas, de amenazas o reproches, de comenzar a identificar el saber con el sufrir y el aprender con pasar un mal rato.
En esas condiciones, inicia la lucha grecomarrana para intentar explicar al vástago que: “la expresión numérica de una fracción se representa como el cociente del triunvirato que provocó la decadencia del imperio romano durante la glaciación de la última fanerógama asociada a la hipotenusa caústica provocada por el sonoro rugir del cañón”. No manchen.
Como padre, pido paz. Denme chance de llegar a casa sin broncas.
Yo no sé, pero como adultos sabemos que es necesario llevarse el trabajo a casa, algo no está resultando bien. Y ¿no resulta un contrasentido que de niños nos enseñen que es necesario llevarse trabajo a casa?
Reitero mi desconocimiento del asunto, pero de plano yo sí que me pronuncio por que a los niños los dejemos jugar más por la tarde, que vayan a hacer deporte, o a aprender música u otro idioma, que sepan cómo construir una casa para iniciar el club de Tobi, cómo se cura un raspón de rodillas, se toma de la misma botella de refresco, se consiguen frutas gratis, por dónde pasan l@s chic@s más guap@s, o cómo se puede vagar relajadamente.
Que hagan todas esas cosas que una vez adultos, recordamos siempre.
viernes, 1 de febrero de 2008
Bisiesto
Este 2008, es bisiesto. Como sabemos, esto significa que aquellos ingenuos que prestaron dinero para cobrarlo el 29 de febrero, por fin podrán hacer efectivo el pagaré.
La palabra tiene un curioso significado, pues literalmente quiere decir “dos veces sexto”.
Remontémonos en la historia:
Los antiguos latinos decían “bisextus”, que era el día que se añadía cada cuatro años al sexto día antes del principio de marzo, en el calendario juliano. O sea, entre el 23 y 24 de febrero, en ese entonces.
El primer día del mes o de la luna nueva era llamado por los romanos “calenda” y partir de esta fecha se contaban hacia atrás los días hasta la luna llena, conocidos como los “idus”.
La palabra “calenda” proviene del antiguo indoeuropeo “kal-and”= ‘grito’, parece que esto tiene su origen en la costumbre de anunciar públicamente (y supongo que a todo pulmón) los días en que iban a caer las nonas y los idus del mes. Es el origen de la moderna “calendario”.
A propósito de los idus, habrá de recordar que al célebre emperador romano Julio César, un vidente le advirtió: “Cuídate de los idus de marzo”. Si bien no olvidó la frase, tampoco le quitó el sueño. Pasaron los días y estando ya en los primeros días del mes, el emperador se dirigió al Senado. En el camino se encontró con el adivino y le dijo: “Los idus ya están aquí” -como haciendo patente que la advertencia había sido en vano-, a lo que el vidente sólo respondió: “Pero no se han ido”. Ese mismo día Julio César fue asesinado.
En honor a César, fue llamado con su nombre un mes del año: Julio.
El sucesor de César fue Augusto, quien no quiso ser menos que su antecesor, de modo que también hizo que un mes fuera nombrado como él. Así apareció agosto y el desorden en la nomenclatura de los meses del año (septiembre, pues era el séptimo, ahora fue el noveno; octubre, antes el octavo, ahora décimo; noviembre, antes el noveno, ahora décimo primero y diciembre, antes el décimo, ahora, décimo segundo)
Sin embargo, el mes asignado a Augusto tenía menos días que el de Julio, y ya entrados en la megalomanía galopante y para que el emperador no fuera a ofenderse, la solución fue quitarle días a algún mesesito que estuviera distraído. La víctima fue febrero, que así quedó con nada más que 28 días. De nada valió que su nombre proviniera de “februare” (purificar).
Como premio de consolación, febrero conservó el privilegio de agenciarse un día extra cada cuatro años, cuando es bisiesto. Bueno, algo es algo.
La palabra tiene un curioso significado, pues literalmente quiere decir “dos veces sexto”.
Remontémonos en la historia:
Los antiguos latinos decían “bisextus”, que era el día que se añadía cada cuatro años al sexto día antes del principio de marzo, en el calendario juliano. O sea, entre el 23 y 24 de febrero, en ese entonces.
El primer día del mes o de la luna nueva era llamado por los romanos “calenda” y partir de esta fecha se contaban hacia atrás los días hasta la luna llena, conocidos como los “idus”.
La palabra “calenda” proviene del antiguo indoeuropeo “kal-and”= ‘grito’, parece que esto tiene su origen en la costumbre de anunciar públicamente (y supongo que a todo pulmón) los días en que iban a caer las nonas y los idus del mes. Es el origen de la moderna “calendario”.
A propósito de los idus, habrá de recordar que al célebre emperador romano Julio César, un vidente le advirtió: “Cuídate de los idus de marzo”. Si bien no olvidó la frase, tampoco le quitó el sueño. Pasaron los días y estando ya en los primeros días del mes, el emperador se dirigió al Senado. En el camino se encontró con el adivino y le dijo: “Los idus ya están aquí” -como haciendo patente que la advertencia había sido en vano-, a lo que el vidente sólo respondió: “Pero no se han ido”. Ese mismo día Julio César fue asesinado.
En honor a César, fue llamado con su nombre un mes del año: Julio.
El sucesor de César fue Augusto, quien no quiso ser menos que su antecesor, de modo que también hizo que un mes fuera nombrado como él. Así apareció agosto y el desorden en la nomenclatura de los meses del año (septiembre, pues era el séptimo, ahora fue el noveno; octubre, antes el octavo, ahora décimo; noviembre, antes el noveno, ahora décimo primero y diciembre, antes el décimo, ahora, décimo segundo)
Sin embargo, el mes asignado a Augusto tenía menos días que el de Julio, y ya entrados en la megalomanía galopante y para que el emperador no fuera a ofenderse, la solución fue quitarle días a algún mesesito que estuviera distraído. La víctima fue febrero, que así quedó con nada más que 28 días. De nada valió que su nombre proviniera de “februare” (purificar).
Como premio de consolación, febrero conservó el privilegio de agenciarse un día extra cada cuatro años, cuando es bisiesto. Bueno, algo es algo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)