martes, 20 de octubre de 2009

Amostazarse

Como me pasa de tiempo en tiempo, curioseo por el diccionario que don Sebastián de Covarrubias titulara como Tesoro de la Lengua Castellana o Española (1611).
Más que buscar en específico (aunque lo he tenido que hacer alguna vez), voy paseando por las páginas viendo las palabras y sus explicaciones.
Valen muchas lo que un viaje al pasado.
Me llama la atención que 'México' aparece desde entonces así, con su 'x'; y que no obstante lo cual todavía haya quienes continúan escribiéndo 'Méjico', especialmente en la Península Ibérica.

Bueno, geografía aparte, traigo un término que jamás había escuchado, que me ha resultado muy simpático y que pienso utilizar a la primera provocación.

AMOSTAZARSE. Vale enojarse, porque así como el humo de la mostaza fuerte sube a las narices y las hincha y pone coloradas, así el enojo y la cólera envían a las narices semejantes humos con que alteran al hombre y le sacan de juicio, poniéndole en furor; y así decimos: Guarda no se me suba la mostaza a las narices. 2. Amostazado, el que está sentido y con ánimo de vengarse.

Así que ya lo saben: cuidado con que alguien se amostace, porque puede llegar a sentirse amostazado y entonces sí: ¡aguas!

Está genial.
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domingo, 4 de octubre de 2009

Cero y van dos

Así o asado pero tan pronto como cada día dejó correr sus minutos en hordas de segundos hasta invadir dos vueltas completas al calendario, así se fue este tiempo hasta alcanzar el segundo aniversario de escribir en este espacio.
Gracias a cada uno y cada una de quienes se han dado una vueltecita por esta su casa, aunque a veces haya tiradero.

Buena fortuna a tod@s!



PS: Por supuesto, dos de octubre no se olvida.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Un pasito

Hay momentos que sólo al paso del tiempo sabemos su dimensión.
Ayer por la noche, me costó un trabajo enorme conciliar el sueño. Vuelta para acá, ahora para allá, una partida de solitario, lectura, hasta sentir como el párpado se espesa y pesa.
Apago la luz. Giro y me duermo... quince minutos.
Es claro que la presión para nivelar la nave se va sintiendo, me digo a mí mismo que en todo caso, tampoco se trata de hacerle al héroe. Mañana reorganizo mis papeles y vuelvo a dirigir las baterias a lo que había venido haciendo.
Más tranquilo, intento dormir, comienzo a oir música con mis audífonos, me entran ganas de echarme una bailadita. ¿Y por qué no? Me levanto de la cama y a oscuras bailo un par de rolas del maese Marley. Recupero el buen humor.
Me acuesto nuevamente, cierro los ojos y pienso que, pase lo que pase, lo único que requiero es no perder el ánimo ni dudar de mi propia capacidad para hacer lo necesario y lo debido. No tengo por qué flaquear. Me duermo.

La primera llamada de la mañana: "Enrique nos podemos ver a las diez? Quiero cerrar el pedido"
Estoy a la hora convenida y salgo a las 12 con un cheque en la mano -el primero en un buen rato- y una sonrisa en la cara. No es mucho, pero es mío.

Puede ser un inicio o un epílogo, no lo sé, ya se verá.
Ah! pero eso sí, nada le quita su sencilla alegría a este pequeño episodio.
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sábado, 19 de septiembre de 2009

Hoy en el pasado

Para Deniche

Llega en pies de algodón, suave y definido el recuerdo de un algo que nos toca, súbito pero gentil nos captura, nos lleva desde hoy hasta allá, atrás, a un punto acidulado, azur, malva, grana o sinople lejos, tanto como ayer, tanto como veinte años o más en el pasado.

Nos vemos ahí y ahí nos vamos.

Nos llevan a los sabores, se renuevan aromas y el momento se matiza con colores, mientras campean por la mente lo mismo el candor que la tristeza, la carcajada o la vergüenza, aciertos y errores. Aquella pequeñas cosas, cuenta y canta Serrat, que nos dejó tiempo de rosas, en un rincón, en un papel, en un cajón.

Y queremos saber de ella, quieren saber de él. Alegrarnos porque está bien, invitarle a charlar, a verse en un café y que sólo dos lo sepan, no porque esté mal, sino porque así es como debe ser, para que tenga sentido, para que nos haga bien, ese sabernos hoy un poquito en el ayer.
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sábado, 5 de septiembre de 2009

Hanussen

En una de las muestras de cine en esta Ciudad de los Palacios, allá por 1985 u 86, vi entonces una película que me llamó poderosamente la atención y de la cual que creía recordar la historia, de hecho creo que en más de una ocasión la utilicé en ejemplos o para salpimentar alguna charla.
La volví a ver hace unos días.
Si bien algunas partes eran tal cual las recordaba, en lo medular, la película era diferente.
Creo que esto bien puede ser una forma de apropiación en el que la historia se va adecuando a como quisiera que hubiera sido para apropiármela por entero. Puede ser, pero eso será materia de comentario en otro momento.

El caso es que disfruté de la trilogía de István Szabó acerca del imperio austro-húngaro: Mefisto, Coronel Redl y Hanussen, a la que me he referido es a esta última.

Erik Jan Hanussen, en quien está inspirada la película, fue un personaje que adquirió cierta notoriedad durante los primeros tiempos de los nazis en el poder. Calificado como vidente, tuvo un trágico desenlace su existencia. Me abstengo de detalles, les recomiendo la película.

En fin, el caso es que durante la cinta, Hanussen se reúne con algunos notables en Berlín, quienes se interesan por saber cuanto el personaje pueda decirles acerca del futuro. En determinado momento, Hanussen fija la mirada y habla, esbozando escenas que, no sé por qué, me resultaron familiares. Os dejo sus palabras, ahí me avisan si les suena como que a algo que pasa en algún sitio lejos, muy lejos, de la sana, vigorosa y estimulante realidad de esta nuestra tierra de la serpiente y el nopal, según lo expresado por nuestro presidente en sus mensajes de recientes fechas.
Habla Hanussen:
“Veo 100 mil marcos flotando en un canal, fueron tirados por un mendigo.
Un periódico que costaba 100 mil en la mañana cuesta 500 mil por la tarde.
Los que habían prosperado, ahora son mendigos. Los especuladores y los timadores ahora han prosperado.
Veo a innumerables hombres parados frente a restaurantes, desmayándose de hambre bajo la mirada indiferente de los que están adentro.
Aparadores llenos, pero unos no pueden comprar ni una manzana podrida a sus hijos.
Las disparidades crecen.
La corrupción hace a un lado los intereses comunes. Hay un enorme vacío y en él hay ancianos enfermos y jóvenes sin oportunidades. Necesitan pan, trabajo, seguridad y orden y lo que tienen es odio.
Ellos odian esta república. Veo odio en sus ojos.
Es un odio que podría usar un demagogo.
Es un terrible tiempo de espera, es como caminar en una cuerda sobre un abismo,”

El personaje calla, la escena sigue; en la realidad histórica, al poco tiempo Hitler ascendió al poder.
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domingo, 23 de agosto de 2009

De regreso

Vaya, pues nuevamente me venía ganando la falta de letras para llenar la blancura del papel.

Digo, de fodongo no he estado, pero el cambio se ha llevado su tiempo y como frecuentemente ocurre, es en la mente donde se lleva a cabo el mayor esfuerzo para que las cosas tomen el cause deseado. Creo que voy en la dirección correcta. Ya comentaré detalles.

Paso a cuestiones de interés general.

Leo las nuevas acerca de los recortes presupuestales. Dan mello.
Estoy de acuerdo en que se debe racionalizar el gasto público y lo estoy a pesar de que yo mismo he sido ya víctima de ello. Es preciso que las finanzas se redireccionen y se apliquen los dineros a lo verdaderamente necesario. Ahí es donde tengo bien fundadas dudas. No veo rumbo.

Adolece el país de un objetivo claro para todos.
Desde mi óptica, se ha y se sigue ejerciendo el gobierno sorteando lo emergente, muchas veces posando para las cámaras y en medio del juego de la política “por razón de estado” que en realidad es una reyerta de múltiples frentes entre decenas de actores, quienes en muchas ocasiones son hasta ¿compañeros? de bancada partidista. Un atolondrado baile de máscaras. Muchos chafas y no pocos mezquinos.
Bueno, eso será materia de otro comentario.

Lo que hoy me preocupa es la alarmante falta de sensibilidad social, de capacidad para tomarle el pulso a la ciudadanía en un momento que creo puede resultar especialmente delicado.

Estamos en una crisis económica de dimensiones colosales (parece que ya nos dimos cuenta que sí era cierto y no un cuento) y en este nuestro México lindo y querido no hay recursos suficientes en las arcas, el excedente obtenido de los altos precios internacionales de petróleo en los años anteriores se gastó alegremente en faraónicas obras de construcción de puestos burocráticos. Hoy ya los precios se ubicaron muy por debajo incluso de cómo fueron considerados para efectos del presupuesto de egresos. Y resulta que hay que pagar esta obesa estructura y con la novedad de que no hay lana.
En las rotundas palabras del Secretario de Hacienda, hay un boquete en las finanzas de unos 300 mil millones de pesos para el presupuesto del ya cercano 2010 (el del bicentenario). Se acabó la borrachera, llegó la cruda y ¡maldita sea! justo cuando no nos alcanza ni para comprarnos unos alka seltzers.

Pues en medio de todo esto, dentro de las privilegiadas mentes que prometieron que esta sería la patria que “un empleo a cada hijo le dio” la solución que ha surgido y que amenaza con ponerse en práctica es la creación de nuevos impuestos. Esto, de ocurrir, creo que será una equivocación monumental. Dentro de un ambiente mayoritariamente pesimista y entre noticias de sueldos y prestaciones para funcionarios que indignan a la inmensa mayoría de la población, se quiere obtener más dinero de los ciudadanos para mantener una pesada burocracia y a una que otra instancia de gobierno absolutamente inútil.
Es decir, Hacienda va a reventar a quien se deje, a exprimir todavía más a quienes cumplen y que lo hacen a pesar de un sistema impositivo enredado que induce a trampas de recolección más que a fomentar la participación civilizada y razonada.

Curiosamente, no he leído de algún plan para generar riqueza, ¿será que es más fácil repartir pobreza? Por supuesto, parece más sencillo arrebatar apoyado en la ley que producir con base en la inteligencia o el talento.

Nuestro sistema es costoso, ineficiente, ineficaz e inefectivo. No hay dinero que alcance cuando el gobierno quiere ser rico mientras el pueblo es pobre.

La liga está muy tensa y las presiones sociales, exceso de imposiciones, inseguridad, desempleo, futuro dudoso, injusticia, cada vez más se concentran, oprimen y lastiman a una clase media (o lo que queda de ella) que se ve cercada entre la imposibilidad de progresar (que ya lleva rato viviendo) y el peligro (que ya comenzó) de perderlo todo.

Hay que releer historia. La clase media una vez harta o acorralada es generadora de revoluciones. Dejarnos de bobadas, en verdad, como sociedad estamos entrando a la zona en que apostar a la resignación ciudadana es el equivalente a darle cerillos a un borracho para que fume junto al depósito de pólvora y esperar que no pase nada.
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domingo, 12 de julio de 2009

Troya



Cada que un ciclo cierra su propio tiempo queda en el ánimo alguna duda de lo que habrá de venir.

En la encrucijada no de elegir un camino, sino de abrir una brecha, dudo. No es fácil. Tampoco lo es continuar marchando por la misma vereda.

La estrechez de miras amenaza con imponerse.

De las maneras de ganarse la vida, cualquiera que se base en cerrar los ojos me parece de las más desagradables, ya no digamos ante crímenes o deshonestidades, nada tan melodramático, sino incluso hacerlo ante mentes pequeñas, obtusas y obnubiladas. Lo sencillo muchas veces puede ser callar y obedecer, dejarse llevar por la corriente y esperar paciente y dócil la llegada de la quincena. No siempre es posible.

Decir esto no significa creer en una cierta superioridad ante el común de los congéneres o colegas. Nada de eso. En mi caso, me reconozco ignorante y lleno de defectos, por eso creo que no puedo permitirme el lujo de quedarme en la misma circunstancia.

Si bien lo nuevo presenta incertidumbre y riesgo, una prolongada estadía en la zona de confort amenaza con anquilosar cuanto puede ser susceptible de movilidad y mejora. Agua que se estanca, se pudre.

De vez en vez, no hay más remedio que dejar Ítaca y marchar hacia Troya. No es un sitio, es un estado mental que acepta el desafío y toma acción para el cambio. Caminemos.
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miércoles, 3 de junio de 2009

Heme (o hemo) aquí.

Heme aquí, tendido cuan corto o largo soy.
Este espacio le he abandonado por un, para mí, prolongado periodo.

Un proyecto con fecha de entrega inamovible, fracturas en el equipo de primer nivel, malas intenciones, desinterés de unos, apatía de otros, alguno que no comprende, pocos interesados.
Presiones innecesarias, amenazas sin sentido, en fin, el largo y sinuoso camino para construir. Afortunadamente, interés de quienes se necesitaba y un equipo de trabajo de primera, comprometidos con lo que debe hacerse, juntos comenzamos y juntos, todos, terminamos. Gracias a cada una, gracias cada uno.

Sin embargo, el pinche estrés acumulado en un trienio ha pasado la factura.

El mismísimo sábado 30 de mayo tuve que suspender una muy deseada reunión a las 8 de la noche (gracias amigos por su comprensión), hacia las 23 horas ingresaba al hospital (gracias Zagal por llegar y estar) y el domingo a primera hora, el cirujano trabajaba en mi anestesiada y así impúdica humanidad, colocada en una poco grácil postura.

El lunes a las dos de la tarde abandoné el nosocomio. Salí caminando, con cara y pose de torero caro, la frente alta y el paso pausado, pero digno de la México.

El viaje de vuelta a casa, con la Zagal al volante (gracias otra vez), fue un verdadero tour de fuerza, valentía y emociones que hacían ver al “Batman the ride” de Six Flags como una pequeña resbaladilla para parvulillos. Cada tope, cada bache, la frenada, el acelerar, todo evento producíanme descargas de adrenalina por todo el cuerpo.

Y luego, el asunto de las explicaciones... por qué no voy a trabajar. No es asunto de decir cualquier cosa: es una semana de ausencia. No hay catarrito ni lastimadura que aguante eso en una llamada al jefe o en papel ante recursos humanos. No señor, nada. Sólo la verdad os hará libres.

De modo que puesto en el brete, decidí sacar el pecho y decirlo con todas sus letras: me operaron de hemorroides. Es increíble que operación tan dolorosa y molesta no agregue aunque sea un poco de brillo al valor de quien la padece. Casi siempre la vergüenza es la primera reacción de quien lo ha sufrido. Además del intenso dolor físico, el ardor emocional. No hay derecho...

Sin embargo, en cuanto me decidí por comunicar a quien preguntara la razón de mi convalecencia sin rodeos, franca y directamente, al parecer he ingresado a una cofradía oculta y subterránea. Ahora resulta que el tío, el cuñado, el primo, yo mismo, yo misma, el hermano, la novia, el amigo, una multitud de hemorroidópatas ha hecho su aparición.

Bueno, digo yo, esto no es una enfermedad -ríase usted de la influenza-, esto sí que es una epidemia.

En fin, con resignado valor, convalezco. Ya me pondré al día.

PS: ¡Ah qué envidia me ha despertado don Simón Bolívar en estos momentos! el héroe libertador era conocido entre la tropa, gracias a su increíble resistencia para las cabalgatas, como “culo de fierro”. Qué tipo!

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lunes, 4 de mayo de 2009

Influenza

Tal parece que el lamentable brote de influenza en nuestro país es un hecho surrealista en un país del que se ha dicho que es precisamente eso.

Se oyen voces gritando que todo no es sino un compló orquestado por esa invisible y omnipresente camarilla que se ocupa de desestabilizar al mundo y que, entre otras cosas, ha producido al chupacabras, el rescate bancario, la aparición de la mafia, el tsunami en Indonesia y los malos torneos del América.
También nos quejamos de la pésima actuación de las autoridades en este caso, de nada sirve que entre los especialistas y organismos internacionales se haya calificado como ejemplares las acciones tomadas desde que se detectó el virus.
Desde la óptica de algunos, si algo malo pasa es por culpa de alguien, y por ello ese alguien, quien quiera que sea, debe ser castigado. En ese mismo espíritu, si quien hizo algo bueno, no es de su agrado, automáticamente lo que se haya hecho está mal hecho.

Dan fiaca. Mejor dejemos a ese sector

Llama la atención la medida solicitada de "no saludar de beso ni de mano" digo, lo comprendo y apoyo la medida, pero como que ha causado un cierto vacío emocional, una deficiencia en nuestra dieta de afecto diario. Se ven caras tristes, la de aquel oficinista cuya única motivación para ir a chambear es que Lichita, la recepcionista, le de su "abacho y becho" cuando llega; o la lánguida pose de Mariquita que no ha podido sentarse a comer y hechar chisme con sus comadres de todos los días, o "El Panzón Barrios" que lleva ya más de una semana sin que nadie se le acerque para darle un tronado choque de manos y su sobadita de la suerte en la rotunda barriga; Palacios, ya sin poder ir al Gym; Ausencio, que ya no puede echarse sus luchitas en el almacén; hasta el estirado del licenciado ese que no sabe dónde poner las manos cuando le presentan a alguien; nosotros mismos, dando y pidiendo caras y manos asépticas en casa para saludarnos.

Todo lo entiendo, es temporal, pero como que un pedacito de encanto se nos ha perdido.

Por otro lado: no vayan a lugares concurridos, de acuerdo; cerrados restaurantes y bares, de acuerdo; no hay fútbol, de acuerdo. Todos enclaustrados.

-Oye Juan ¿qué hiciste el fin de semana?
-Pues con eso de que no hay a donde ir, nos fuimos al súper a hacer las compras, luego a buscar unos tornillos para arreglar el clóset que ya lleva dos años con el alambrito, ahí nos tardamos un buen y como ya era tarde pues que nos vamos a casa de mi prima Claudia, que nos invitó a todos. Como no hay a donde ir, no hombre, que nos juntamos más de 20, lo bueno fue que cada quien llevó algo. Ya en la noche nos fuimos a la casa a ver una película.
Al día siguiente, quedamos de vernos en la casa para comer y echarnos un dominó con mis dos hermanos y sus hijos. Así que nos fuimos al mercado temprano. Ahí desayunamos y compramos las carnitas. Ya llegaron todos como a las tres y se fueron como hasta a las nueve y media. Ni tiempo de arreglar el clóset, ¿tu crees?
-Ah, pues te la pasaste en bien, no?
-Pues dos-tres, algo aburridos, como no había nada abierto... ya no hicimos nada.
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